Schumacher en la Ronda de Dalt

Iluminados por la luz del radar

Parte de los impuestos de los ciudadanos van destinados a crear un laberinto que desaliente a los mismos ciudadanos

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El radar de tramo de la Ronda de Dalt, junto a la plaza de Karl Marx.

El radar de tramo de la Ronda de Dalt, junto a la plaza de Karl Marx. / Jordi Cotrina

Supongo que cinco minutos después de que se hiciera público que, según un radar, Maria Teresa Bonet, de 73 años, circulaba por la Ronda de Dalt a ¡298 kilómetros por hora!, alguna solvente escudería de fórmula 1 le hizo una oferta en firme. Al menos, alguien de la copa Nascar o de una competición de autos tuneados.

Por supuesto que la señora Bonet no iba a esa velocidad que coloca la nariz en el cogote, pero un aparato escacharrado marcó el guarismo sin despeinarse.

Los instrumentos se averían y también las personas porque cuando presentó el recurso, desde el Ayuntamiento de Barcelona se excusaron con que el radar estaba homologado y sin plantearse si era posible que una conductora septuagenaria pudiera competir con un tren bala japonés sentada en su Audi Q2.

Cuando la señora Bonet y su hijo llamaron a RAC 1 y rebotó el eco mediático, dijeron que le retiraban la multa que previamente ya había pagado. ¿Ha recuperado los 600 euros y los seis puntos del carnet? Y de ser así, ¿cómo la Administración le compensará la congoja, el mal trago, el tiempo perdido?

Tras el frenazo, las cosas no han quedado como si nada hubiera sucedido. Esos avatares dejan marca, como la mancha de humedad en el techo por un descuido vecinal. Aunque la pintes, la sombra sigue ahí.

De haber sido del revés, el recargo habría sido puntualmente cobrado, si bien la acción punitiva nunca es reversible. ¿Acaso no merece una compensación? Los funcionarios tienen mala fama porque su rostro se oculta tras máscaras. ¿Sabemos quién fue la persona que respondió que el radar era infalible y que era posible que la señora Bonet-Schumacher flipara a casi 300 por hora? ¿Se fue tranquilamente a desayunar, hizo el crucigrama o siguió negando formularios con el orgullo de la obligación cumplida? Recaudemos, recaudemos, dejemos que los ciudadanos sigan quejándose –¡es su derecho!–, aunque les prestemos la misma atención que a un ficus. 

Ese tramo de la Ronda de Dalt ha sido diseñado para dañar: es de bajada, solo se puede transitar a 60 (¿por qué en el resto del circuito se puede ir a 80?, además, está completamente cubierto para reducir el impacto sonoro) y los coches empujan. Tienes que ir pisando el freno, atender el cuentakilómetros con la mirada obsesiva del miope y angustiarte porque no es posible fijar la aguja. Que haya ahí un radar es un asalto con pistola.

Ese tramo de la Ronda de Dalt ha sido diseñado para dañar: es de bajada, solo se puede transitar a 60 y los coches empujan

Un Ayuntamiento como el de Barcelona es equivalente a una gran corporación. Parte de los impuestos de los ciudadanos van destinados a crear un laberinto que desaliente a los mismos ciudadanos. Compañías aéreas, compañías de seguros, compañías telefónicas, compañías bancarias (nota para el cabreo general: el presidente de CaixaBank tendrá un sueldo de 1,65 millones de euros más un variable). Tiernos y cursis eslóganes para atraer al cliente, el vacío cuando se les necesita.

Pongamos un ejemplo: te has visto envuelto en un accidente de tráfico en el que el culpable es el otro. Tu vehículo es viejo, pasa la ITV, lleva la pegatina ambiental correspondiente y resulta funcional y útil. El daño es en la parte trasera: hay que cambiar el portón y el perito dice que nanay, que lo declara siniestro total. Pero ¿no tendría que protegerte a ti puesto que es la otra empresa la que paga? Entonces, una sospecha: ¿y si se cubren las unas a las otras?, ¿y si es un hoy-por-ti-mañana-por-mí? ¿Rendición? Nunca. Insistir, insistir, insistir, montar la escandalera. Quien se acobarda, cede y pierde. Al final, lo arreglan. No querría quedarme ahí, sino ir más lejos. Las dos semanas de regateo e insistencia, ¿cómo las retribuyen? ¿El susto, las horas dilapidadas, la inmovilización del vehículo en un taller?

Vuelvo a la señora Bonet: ¿cómo le repararán el daño mental? ¿Alguien le mandarán una carta de disculpa? El funcionario o funcionaria, ¿será advertido por su pachorra? ¿Devolverán el pillaje del radar dopado?

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A la manera de la jurisprudencia, el fallo a favor de esta conductora debería de servir como argumento a su favor para otras personas que han sido iluminadas por la luz de la máquina estropeada. Y suerte porque si en lugar de marcar 298 hubiera dado, no sé, 120 (el doble de lo autorizado), nada habría trascendido. 

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