Análisis

Es una decepción, no un drama

No es fácil digerir la derrota tras una final, pero el Barça debe persistir y consolidar el esperanzador proyecto de Jasikevicius si quiere conquistar su tercera Euroliga

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Jasikevicius protesta una decisión arbitral en la final, mientras sus ayudantes y Gasol intentan calmarlo

Jasikevicius protesta una decisión arbitral en la final, mientras sus ayudantes y Gasol intentan calmarlo / Friedemann Vogel / Efe

No es fácil levantar la cabeza y mirar al futuro después de ver cómo se escapa un sueño, como le ha sucedido al Barça en Colonia con la Euroliga. Jugadores como Kuric o Davies permanecieron un buen rato con la mirada perdida en el vestuario ante el puñetazo anímico por la derrota ante el Anadolu Efes.  Pau Gasol tendrá que digerir cómo se le escapa una oportunidad única que, a su edad, difícilmente volverá a presentarse. Para algunos, el sapo será aún más difícil de tragar. La decepcionante actuación de Mirotic aumentará el foco sobre el teórico líder de este equipo, al que se ve demasiado responsabilizado en partidos de tanta presión. “Hay que aprender de los errores cometidos”, admitió Mirotic, dando la cara tras la derrota. Seguramente, Jasikevicius es el primer enfadado consigo mismo por perder los nervios en una final, que necesita de mentes frías, y no habrá parado de darle vueltas a qué pudo hacer mejor para llevar al título al Barcelona, lo que deseaba con todas sus fuerzas.

 Pero lo que se vivió en Colonia, poco tiene que ver con otras finales jugadas por el Barça, las dos anteriores por cierto, ganadas en París-Bercy y en el Sant Jordi. Perdió el equipo azulgrana, eso es cierto. Sin hacer el mejor partido de la temporada, con Calathes limitado físicamente, con un versión gris de Mirotic. Pero lo hizo metido en la batalla hasta el final. Frente a un equipo al que posiblemente, con el paso de los años se recordará: el Efes de Micic y Larkin. Pocos equipos europeos en los últimos años han tenido una línea exterior con tanto desequilibrio. La derrota del Barça, obligado a pelear por todos los títulos, es una decepción. Pero no un drama.

En el 2019, en la ‘final four’ de Vitoria, el Efes vivió la misma frustración que atormenta al Barça. Construido en el último lustro para pelear por su primera Euroliga, el equipo turco se estrelló ante el muro levantado por el CSKA Moscú de Higgins y Sergio Rodríguez. Solo la pandemia evitó que el año pasado se plantara en la ‘final four’ y en este 2021 ha aprovechado, al fin, su oportunidad.

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Hay decenas de ejemplos que marcan el camino, pero el del nuevo campeón de la Euroliga, no puede resultar más cercano. “Les hemos dicho a los jugadores que estamos orgullosos de ellos. Desde la directiva decimos que el proyecto del Barça seguirá adelante, seguirá creciendo. Lo haremos más fuerte”, explicaba tras la final el directivo Josep Cubells, que bajó al vestuario junto al presidente Joan Laporta, para dar un discurso lleno de coherencia.

Afinar en los retoques de la plantilla (Navarro sondea lo que podría ser una noticia impactante, la llegada de Marc Gasol, según Antoni Daimiel explicó en La Ser), pulir detalles, persistir en un proyecto que está en su primer año y transmite sensaciones positivas. Es el único camino. Eso es  lo que dará al Barça la posibilidad de levantar, más pronto que tarde, la tercera Euroliga.