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Au revoir Monsieur Zidane

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Zidane, en un partido del Madrid.

Zidane, en un partido del Madrid. / EFE

La última imagen del entrenador que le dio tres Champions seguidas al Real Madrid es en la rotonda de Valdebebas, conduciendo su Audi, en silencio.

Así se va, con la noticia de su marcha saltando a la escena digital durante la tanda de penaltis de Gdansk, y con el comunicado del club confirmando el adiós en segundo plano de las primeras páginas que ocupaba, por méritos propios, el Villarreal y su Europa League.

Nada es casual. Pero los artífices de la estrategia comunicativa deberían medir lo que se lanza. No vaya a ser que el francés algún día se arranque y cuente la verdad de lo que ha padecido durante estos últimos meses. Sufrimiento por traición y ausencia de reconocimiento a su trabajo por parte de quien en marzo de 2019 le había llamado para que acudiese al rescate. ("Vuelvo porque el presidente me llamó y no podía decir que no", reconocía entonces Zinedine.)

Los críticos más feroces

Como cuando en diciembre periodistas próximos al club le daban por finiquitado creyendo al Real Madrid descabalgado de la Liga y con escasas opciones de llegar lejos en Champions. Sí. Se insinuó entonces que Florentino no le iba a despedir, pero que el club esperaba que él diese un paso adelante.

Pues lo ha dado. Y renunciando a su año de contrato. Pero llegando hasta la última jornada con opciones de título y cayendo en la vuelta de las semis de Champions. Eso sí, allí en Londres Zidane sacó su peor versión táctica, dando munición con la posición de Vinicius a sus críticos más feroces.

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Así se escribe la historia. Zidane ha sido lo mejor que le ha pasado al Real Madrid en los últimos años. Un hombre cuya sola presencia en el vestuario imponía el respeto que solo se ganan quienes han sido futbolistas de su talla. Que supo guiar un vestuario tan repleto de buenos futbolistas como de egos, sin buscar protagonismo alguno y siendo el mejor portavoz posible del club en la sala de prensa. No se puede ser más elegante.

Sin un super crack y con años encima sobre los Marcelo, Modric, Benzemá y Ramos, con 63 lesiones, sin público y sin el Hazard de verdad, ha logrado remar hasta la orilla. La culpa del año en blanco no es suya. Se merecía otro adiós. De bien nacidos es ser agradecidos.