Mercado laboral

Automatización y covid-19

La capacidad de transmisión del virus ha forzado la digitalización y la telematización de puestos de trabajo en los que predominan mujeres y personas con menor grado de formación

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Cadena de montaje de una fábrica de motocicletas.

Cadena de montaje de una fábrica de motocicletas. / MARC VILA

Aparte de los importantes efectos sobre la salud, a los que hoy no me voy a referir, el impacto pasado, presente y futuro de la pandemia sobre el mercado laboral ha tenido y va a tener fuertes consecuencias que, además de inesperadas, van a ser muy significativas para ciertos sectores de la población.Lo observaremos desde el pasado y desde el presente. 

Si bien a principios de 2020 el número de personas empleadas era superior al del 2019, a partir de la irrupción de la pandemia y del establecimiento de las medidas de confinamiento, la cantidad de personas con trabajo se situó muy por debajo de las cifras del año anterior. En consecuencia, el 2021 empezó con valores de empleo similares a los observados en 2019 aunque ligeramente inferiores. En ese contexto, es destacable que dos de los colectivos más afectados por la pérdida de empleo durante la pandemia han sido los trabajadores con menos formación y las mujeres. Según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa, la tasa de paro de los hombres en España pasó del 12,23 % en el último trimestre de 2019 al 14,07 % en el primer trimestre de 2021. Por lo que respecta a las mujeres, en el mismo periodo, la tasa de paro aumentó del 15,55 al 18,13 %, un incremento sustancialmente mayor que en el caso de los hombres.

Parte de esa pérdida de empleo se explica por el fuerte componente de interacción social de determinadas profesiones en los que las mujeres son una parte mayoritaria de la fuerza de trabajo. Al reducirse la demanda de estos servicios, ellas se han quedado sin trabajo. Asimismo, en algunos de los casos que no han acabado con la pérdida del empleo, la capacidad de transmisión del virus ha forzado la digitalización y la telematización de esos puestos de trabajo. Si ponemos la mirada en el medio plazo, vemos que uno de los pilares de los nuevos fondos europeos NextGeneration es, precisamente, la apuesta por la digitalización. Así, la pregunta que me planteo es si la tendencia a la automatización y digitalización, que se ha visto acelerada por la aparición de la covid-19, va a tener consecuencias desiguales en el mercado de trabajo y, de ser así, cuáles van a ser los colectivos más afectados.

Aunque predecir cómo pueden evolucionar las tendencias en el futuro supone un ejercicio arriesgado, algunos economistas expertos en digitalización y robotización aportan pruebas de los elementos que resultarán determinantes para prever qué grupos de trabajadores se verán más afectados. 

En un artículo reciente, Alex Chernoff y Casey Warman argumentan que muchos empresarios van a invertir parte de sus beneficios en instalar tecnología que permita la automatización y la digitalización de parte de su proceso de producción para, así, dar cierta estabilidad a su cadena de producción en caso de que aparezcan nuevos brotes del virus (o nuevos virus). Los autores analizan las ocupaciones con arreglo a la definición internacional (O*NET) y les asignan un índice de riesgo de transmisión vírica y potencial de automatización dependiendo de las tareas asignadas en cada caso. Pues bien, aplicando ese índice a la distribución sectorial de 26 países, se ve que las mujeres y los trabajadores con menor grado de formación están empleados en ocupaciones con un riesgo más alto tanto de transmisión vírica como de automatización. España es uno de los países incluidos en los analizados y vemos que, aunque las personas con menos formación siempre tienen más riesgo, esta diferencia es mucho mayor en el caso de las mujeres. Por lo tanto, el colectivo de mujeres con menos formación será el más damnificado por el impulso en la digitalización y la automatización a que ha dado lugar la pandemia.

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Viendo los resultados tan contundentes que arroja dicho estudio, sería bueno que la Administración se anticipara a esas pérdidas de empleo y diseñara planes de reestructuración laboral para orientar las trabajadoras que se verán afectadas hacia sectores alternativos que estén en crecimiento. De esta manera, se evitaría la experiencia negativa del proceso de paro y la precariedad e inestabilidad económica.Esas acciones permitirían, a su vez, limitar el impacto sobre la desigualdad por sexo y fomentar un mercado laboral más inclusivo. Las pruebas están aquí, esperando a que se utilicen. Es momento de actuar.