Apunte

Un presidente joven para el viejo Vietnam

La estabilidad del pacto de Govern dependerá de la capacidad de alcanzar un consenso sobre cómo enfrentar la negativa del Ejecutivo de Sánchez a reconocer el derecho de autodeterminación de Catalunya

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Pere Aragonès, el nuevo president de la Generalitat, felicitado por Oriol Junqueras.

Pere Aragonès, el nuevo president de la Generalitat, felicitado por Oriol Junqueras. / FERRAN NADEU

El viejo gobierno que convirtió la Generalitat en un Vietnam tiene un presidente joven, militante de Esquerra y que no está dispuesto a ejercer de vicario de Carles Puigdemont como fue el caso de Quim Torra. La descripción de Joan Tardà de lo que fue y podría ser un Gobierno de su partido con JxCat se confirmó durante las negociaciones que han permitido la investidura de Pere Aragonès. Está por ver cómo evolucionarán las relaciones de la coalición renovada. Por si acaso, durante el debate el aspirante ha limitado al mínimo el intercambio de opiniones con sus socios de gobierno. 

La estabilidad del pacto dependerá de la capacidad de alcanzar un consenso estratégico entre los tres partidos y las dos entidades independentistas sobre cómo enfrentar la anunciada negativa del Gobierno de Sánchez a reconocer el derecho de autodeterminación de Catalunya (siguiendo la doctrina de la ONU) y a proclamar una amnistía no contemplada en la Constitución. Este es el quid del pacto. El programa de gobierno anunciado es un sumario de pactos nacionales que pueden obtener incluso el voto del PSC y de los 'comuns'. Especialmente en todo aquello que afecte a las transformaciones sociales, verdes y feministas. La cuarta revolución, la denominada enfáticamente como democrática, pinta peor porque sus impulsores la entienden sin respeto (ni mención) al Estado de derecho y esto siempre es un hándicap para los demócratas.

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Además de un presidente joven y republicano, obsesionado en calificar a su futuro Gobierno como de izquierdas, tal vez para disimular que el 60% del presupuesto estará en manos de JxCat, como le recordó Jéssica Albiach, la otra novedad es que Salvador Illa no piensa practicar la crispación parlamentaria al estilo Arrimadas. La mano tendida del PSC sorprendió a Aragonès, quien para desacreditar la predisposición otorgó a los socialistas una capacidad de poner y quitar vetos judiciales impropia de la división de poderes. En el Vietnam catalán, el Estado de derecho es visto como un problema.