¿Un Barça de todo a 100?

Laporta pone en venta, y no con precios caros, a toda la plantilla menos a Messi

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Jordi Alba, en un momento del duelo contra el Levante.

Jordi Alba, en un momento del duelo contra el Levante. / Efe / Biel Aliño

Jan Laporta tiene mucho que vender. ¿Ha estudiado el 'Manual del buen vendedor'? ¿Conoce aquella historia del granjero que en el mercado explicaba desde unos altavoces las ventajas de que su burro fuese viejo y tuviese solo tres patas? ¿Recuerda que después de hacer un buen negocio el tipo confesaba a los amigos que nunca habría podido vender si hubiese ido proclamando que era vago y que no servía para nada? También decía que para lograr buenas ventas jamás iba al mercado diciendo que necesitaba vender al precio que fuese.

El presidente del Barça debe haber ido a una escuela de negocios diferente a la de aquel tipo. Debe ser una 'business school' donde enseñan secretos milagrosos para vender futbolistas con contratos de larga duración en vigor, salarios por encima de su cotización real en el mercado y muy pocas ganas de irse. Porque eso es lo que ha difundido a través de su puñetazo en la mesa. Por cierto, Bartomeu no fue alumno de aquella 'school': ya vimos lo poco que obtuvo en la limpieza de vestuario del año pasado, la de las generosas salidas casi regaladas de Luis Suárez y Rafinha a equipos competidores directos. El hecho es que Laporta pone en venta, y no con precios caros, a prácticamente a toda la plantilla menos a Messi. Y de este no se sabe si abandonará el club sin traer dinero a la caja o si seguirá quedándose él con casi todos los fondos disponibles. Junto a él probablemente no están en el escaparate Ter Stegen, De Jong, quizá el rehabilitado Busquets, Ansu Fati y los chicos jóvenes que ha revalorizado Koeman. 

El indefinido plan deportivo

Con este planteamiento se sobreentiende que Laporta no tiene todavía un plan deportivo concreto respecto a la plantilla con la que desea intentar ir a por la Liga y la Champions del año que viene. Pero es fácil de adivinar. Opción A, con Messi, los Depay y Eric García que ya le dejó apalabrados Bartomeu antes de irse, el accesible Kun Agüero, el ya citado y reducido núcleo de Ter Stegen, De Jong y compañía, más los jugadores que no se consiga vender. Opción B, sin Messi y el resto de la Opción A, aunque tal vez con un fichaje que proporcione ilusión a la grada. Todo hace pensar que serán los precios del mercado quienes fijarán si seguimos o no con Dembélé, Jordi Alba y Griezmann, piezas que si siguen podrían ser fundamentales la temporada que viene.

Hay otros dos flancos complejos. Uno, la operación de rebajar fichas y sueldos por amor a la patria puede acabar bien, regular o mal, y dejar tocada mucho, regular o poco el ánimo del vestuario. Dos, el desenlace del suspense creado por Laporta sobre el entrenador será decisivo para la moral de combate del conjunto de la entidad y sus seguidores. Con el diagnóstico casi unánime de que no hay nada a hacer si no hay un 'reset' en la intensidad del juego que dure los 90 minutos de cada partido, que se corra mucho más y que se asuma la polivalencia de funciones de cada jugador. Y que debe existir una desaparición radical de los actuales largos momentos de descanso efectuando fútbol control básicamente horizontal, sin ir a barraca, en los partidos que ya no estén ampliamente ganados. Sin eso el Barça no tendrá un puesto garantizado en la élite que acaba distribuyéndose los grandes premios de cada temporada.

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La parte oculta del iceberg

Lo de Laporta intentando vender a su manera a jugadores buenos pero ya no idóneos, e intentando rebajar los sueldos de los futbolistas actualmente mejor pagados del mundo a causa de los méritos de Messi, será la parte visible del iceberg. Porque en materia de reconciliación con la UEFA, reconstrucción económica y decisiones sobre las obras del estadio, el club tiene por delante unos más discretos pero auténticos y dificilísimos trabajos de Hércules. Hacer eso o hundirse es el único programa que hay por delante en este final de temporada.