Actualidad compleja

Ockham tenía razón

Muy mal situado hay que tener el norte si una explicación retorcida, que apela a los instintos más bajos, es la que se da inmediatamente por buena

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Luna, voluntaria de la Cruz Roja, consolando a un migrante en Ceuta.

Luna, voluntaria de la Cruz Roja, consolando a un migrante en Ceuta. / EFE / Reduan

¿Qué es un ciudadano bien informado, hoy en día? El ciclo de noticias de 24 horas hace como mínimo diez años que pasó a mejor vida, y la sucesión constante de acontecimientos, ideas y mensajes cuesta cada vez más de asumir, si no es como un segundo empleo a tiempo completo. No sé si existe una palabra alemana que designe la angustia por no poder formarse una opinión sólida sobre la actualidad del día ( algo así como “Solidemeinungüberdiesituationdestagesmangelhangst”), pero debería. Es muy difícil emitir un juicio informado sobre qué ocurre en Colombia y, al minuto siguiente, pasar a saber por qué ahora la ofensiva contra Gaza, y al otro día poner la vista en Marruecos, por muy voluntariamente todólogos y muy consumidores compulsivos de información que seamos. Estar plenamente informados es una noble aspiración aunque, por definición, sea imposible.

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Dicho esto, no siempre hace falta complicar las cosas en exceso. Es más, hacerlo es deshonesto intelectualmente. Puede que cada instante tenga infinitas aristas, pero llamarle “buenismo” a hacer el bien, y correr a justificar las injusticias por imperativos geopolíticos no es ahondar en nada, sino ofuscar deliberadamente. Mucho Kissinger de pacotilla encontró el miércoles su trampolín en una simple foto: en ella, una voluntaria consolaba con su abrazo a un joven que había cruzado a nado la frontera con Ceuta. No había más que un simple gesto humano, aunque la carcundia proyectara a través de ella en Twitter toda su podredumbre. Su mensaje de odio en realidad era también muy simple, pero llegaba revestido de falsa complicación conceptual, de intelectualidad engañabobos para confirmar el sesgo de los convencidos. Esta estrategia actúa como un bálsamo de tranquilidad para los posibles creyentes, y se da también con las 'fake news' y las teorías de la conspiración, porque apela al anhelo humano de sentirnos listos y especiales. Pero muy mal situado hay que tener el norte si una explicación retorcida, que apela a los instintos más bajos, es la que se da inmediatamente por buena. La realidad puede ser compleja, pero la navaja de Ockham sigue cortando, y pone las miserias al descubierto.