Nuevo Govern

Fumata blanca con morbo

Pronto veremos si el pacto entre ERC y Junts es sólido o si, por el contrario, resucitan las inercias de siempre

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Pere Aragonès y Jordi Sànchez, tras presentar el pacto de Govern en Barcelona.

Pere Aragonès y Jordi Sànchez, tras presentar el pacto de Govern en Barcelona.

Luego de la fumata blanca en el seno del independentismo entre republicanos y nacionalistas, llega la ceremonia de investidura. Esto es, el cardenal saliendo al balcón de Basílica de San Pedro a proclamar el tradicional Habemus Papam. Si las bases de Junts, para disgusto de Quim Torra, dan su aval, Pere Aragonès será el primer presidente republicano desde los años treinta. Sin duda, un hito histórico tras la huella lejana de Francesc Macià y Lluís Companys.

Torra, ya con pensión vitalicia de expresident, anda promocionando su último libro. Otro manual de quejas y lamentos. Este deseaba fervientemente que fuera su ahijada, Laura Borràs, la presidenta. La promocionó desde el primer día con tesón. Y a la postre lo es, sólo que del Parlament, cargo en el que debutó confrontando con Roger Torrent, su antecesor. Aunque, y el detalle no es menor, la lideresa del independentismo ´nítido’ va a tener el honor de ejercer de maestra de ceremonias, como el cardenal que inviste al pontífice. Tiene morbo el asunto. Pues si alguien no ha ocultado su contrariedad ante la tesitura de proclamar un president republicano es, precisamente, Borràs y su entorno.

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Que ahora sea ella la encargada de poner la corona en la testa de un republicano tiene algo de castigo divino. Su recurrente sonrisa va a tener mucho de Pantoja. Recuerden aquello de ‘Dientes, dientes, que les jode’. La cuestión es si Borràs disputará a Illa la jefatura de la oposición. O dará por los menos los cien días de gracia. Papel para el que también ha presentado sus credenciales Albert Batet, encargado de dar un sonoro puntapié a la entente, en plena recta final del pacto protagonizado por Jordi Sánchez y el mismo Pere Aragonès. Ni corto, ni perezoso, exigió una auditoría independiente al Govern por la pandemia. Lo cuál puede ser legítimo. Y a su vez, revelador del tipo de actitud imperante en las filas nacionalistas.

La investidura de un president rompe con la alternancia entre nacionalistas y socialistas de los últimos 40 años en la presidencia de la Generalitat. Lo que no ha sido posible ni en la Diputación de Barcelona ni en el Ayuntamiento, donde cuajó un cordón sanitario. Pronto veremos si el pacto es sólido o si, por el contrario, resucitan las inercias de siempre.