Nueva normalidad

Días increíbles

Todo acaba de ponerse en marcha y todo parece querer retomar el ritmo frenético de antes

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Ambiente en la Barceloneta.

Ambiente en la Barceloneta. / RICARD CUGAT

Durante los días posteriores a Sant Jordi, vimos cómo el teléfono y el mail de la librería se nos llenaban de llamadas y correos de editoriales que nos preguntaban si ya volvíamos a acoger presentaciones, con la intención de proponernos organizar en casa las de sus próximas novedades. Al mismo tiempo, se anunciaba la programación del Grec y una pancarta publicitaria, portadora de un misterioso anuncio firmado por el Primavera Sound, aparecía cubriendo toda la fachada de un edificio.

De momento, la Diada parece haber supuesto el disparo de salida de aquello que llaman la “nueva normalidad”, que tiene toda la pinta de estar llegando con ganas de parecerse demasiado a la antigua. El mismo día que comentábamos en la librería la cantidad de franceses que habían ido pasando por aquí últimamente, también hablábamos de cómo, en ese mismo momento, coincidían en la agenda: el Barcelona Poesia, el fin de semana de los museos, la tarde de despedida del Primera Persona y el anuncio de la Fira Literal. Estos días también hemos cerrado los detalles de una clase presencial del máster de edición de la UB, y esta tarde nos vendrán a ver del festival Kosmòpolis, para acabar de decidir qué propuesta de su programa podría encajar en la librería en su próxima edición.

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Todo acaba de ponerse en marcha y todo parece querer retomar el ritmo frenético de antes. Todo da la impresión de querer volver a ser físico. Las terrazas de las calles Blai y Parlament estaban petadas las tardes de este fin de semana; ayer por la noche, ya casi daban las diez y nadie tenía prisa por levantar el culo del césped de la entrada del Maremàgnum. Llevábamos demasiado tiempo solos, llevábamos demasiado tiempo encerrados, y lo que es social y cultural está claro que no se acaba de completar si no lo puedes comentar después, si no lo puedes celebrar mientras dura.

El domingo por la noche, al salir a regar las plantas del balcón, vi a una vecina que llegaba al portal arrastrando una maleta pequeña, de esas de fin de semana. Son unos días increíbles, estos que pasan justo ahora.