Acuerdo entre ERC y Junts

Gobierno de gestión

Los posconvergentes reiterarán insignificantes fuegos de artificio desde Exteriores y el Parlament, pero Aragonès tiene las manos libres para pactar con el PSOE, condición previa para la reconciliación de los independentistas con la sociedad

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Jordi Sànchez y Pere Aragonès.

Jordi Sànchez y Pere Aragonès.

Por mucho que ciertas izquierdas se sientan engañadas por los republicanos, se pongan de luto y clamen al cielo, todo el mundo tendría que admitir que ERC ha ganado, y de largo, el pulso a JxCat. Aragonès tiene más de lo que quería el primer día: ser 'president' efectivo, sin ningún tipo de tutela, y encima dispone de un amplio margen de maniobra, incluso para cambiar de aliados, si conviene, a media legislatura. Gracias al amago de abrazo visto y no visto de los republicanos a los Comuns, los posconvergentes de JxCat se han impuesto a los radicales. Ellos tienen las 'conselleries' que querían y más de doscientos altos cargos. El faro de Waterloo se encuentra muy disminuido de luz, de voz e incluso de voto.

A cambio de quedarse a bordo de la nave para gestionar la mitad de las 'conselleries' y todo el presupuesto, JxCat abandona el timón y se supedita a la estrategia republicana de claudicar y sacar el máximo provecho de unas circunstancias adversas que ellos mismos, ahora con la inestimable colaboración de JxCat, contribuyen a hacer imposibles de cambiar. Madrid tendría que celebrar la rendición. El punto de la declaración que traslada la dirección del ya fantasmagórico 'procés' a una mesa con los tres partidos, Òmnium y ANC -sin el Consell, está claro- es una contundente demostración del monumental engaño a los radicales que, enardecidos, se apuntaron a las huestes que blandían la bandera de la declaración de independencia, la que ahora yace enterrada bajo la lápida del neoautonomismo. Junts reiterará insignificantes fuegos de artificio desde Exteriores y el Parlament, pero Aragonès tiene las manos libres para pactar con el PSOE.

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Todo ello solo es una condición previa para la reconciliación de los independentistas con la sociedad. La única vía, la única, para hacerse perdonar primero y quizá ganársela después es la gestión. A diferencia del 'somiatruites' de su antecesor, el 'president' Aragonès es un tecnócrata de alto nivel. Por mucho que juegue a Puigdemont, Artadi también lo es. No les queda más remedio que gestionar bien, si puede ser.