Pros y contra

El hedor de Israel

La policía israelí disparó 'skunk' con cañones de agua ante unas protestas palestinas. El barrio enteró quedó impregnado de una fetidez irrespirable.

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Un policía israelí apunta con un arma a un palestino junto a un judío ortodoxo herido que estrelló su coche cerca de la Puerta de los Leones.

Un policía israelí apunta con un arma a un palestino junto a un judío ortodoxo herido que estrelló su coche cerca de la Puerta de los Leones. / EFE / ABIR SULTAN

Es un arma no letal, cierto. Pero, a veces, cuando las imágenes son tan dolorosas que todas parecen la misma, cuando la muerte se convierte en un marcador deportivo (200 palestinos frente a 10 israelíes), cuando los argumentos del estado de Israel ya apenas tienen la lógica del opresor, entonces, los supuestos males menores dan la medida exacta de la perversidad del conflicto.

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La noche del Laylat al-Qad es una de las más esperadas del calendario islámico. Este 8 de mayo no hubo fiesta, ni comida ni bebida en el Barrio Musulmán de Jerusalén. Imposible con las calles apestando a ‘skunk’. Ese olor descrito como “un trozo de cadáver en descomposición extraído de una alcantarilla estancada, pasado por la licuadora y escupido en el rostro”. Cuesta días hacer desaparecer el hedor del cuerpo. La ropa, mejor tirarla. A veces, provoca vómitos incontrolables. La policía israelí lo disparó con cañones de agua ante unas protestas palestinas. El barrio enteró quedó impregnado de una fetidez irrespirable. Y la celebración quedó acallada por una nueva humillación. Después vinieron las bombas sobre Gaza, las familias devastadas, las sedes de medios internacionales arrasadas… El hedor de la ocupación. 

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