Buenas perspectivas

Un verano de teatro

En el último mes se han estrenado en los teatros de Barcelona un mínimo de dos o tres espectáculos por semana, y mi agenda dice que lo mismo ocurrirá en las próximas

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Brian (Pau Roca) se encara con el profesor McCafferty (Pol López) ante la queja de Sarah (Carlota Olcina), en una escena de ’Classe’, actualmente en La Villarroel.

Brian (Pau Roca) se encara con el profesor McCafferty (Pol López) ante la queja de Sarah (Carlota Olcina), en una escena de ’Classe’, actualmente en La Villarroel. / Kiku Piñol

Si este fuera un año normal, a estas alturas, segunda quincena de mayo, la mayoría de los teatros estarían ya haciendo balance, pendientes de cerrar la temporada y a la espera, únicamente, de lo que pudieran dar de sí los festivales de verano. Pero vivimos en tiempos de excepción. La temporada nació –enclenque, débil, pequeñita, carne de incubadora–, en septiembre del año pasado y dio sus primeros pasos tímida, insegura, como a la pata coja, calibrando la dureza del terreno, refrenando su impulso de poner, firmes, los dos pies en el suelo, de caminar con paso, no digo alegre y jacarandoso (los tiempos, por desgracia, no daban para tanto), pero sí, al menos, confiado y razonablemente optimista. Un transitar que pendía, en cualquier caso, de lo que diera de sí la correa de la política, cediendo de corta a larga, y viceversa, según los datos de la pandemia.

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Todos, teatreros, administración y espectadores, nos mirábamos de reojo (escudriñábamos, sería la palabra), atentos a cualquier movimiento. Con los días, prueba a prueba, fue creciendo la confianza y así pudimos avanzar a paso un poco (solo un poco) más rápido y bastante (no mucho) más erguidos. Ha sido en base a esa confianza y a ese común esfuerzo que los teatros han podidos mantenerse en pie a lo largo de esta atípica temporada. En condiciones que no eran las ideales, por supuesto, pero que resultaban mínimamente asumibles. Sin posibilidad de elección, mejor una cancela medio abierta que un portón cerrado a cal y canto.

Pero este no está siendo, como decía al principio, un año normal. Y es por eso que ahora mismo, cuando en otras temporadas estaríamos apurando los restos de la programación, nos encontramos, sorprendentemente, dispuestos al volante y con el depósito cargado. Pletóricos de estrenos. En el último mes se han estrenado en los teatros de Barcelona un mínimo de dos o tres espectáculos por semana. Y mi agenda dice que lo mismo ocurrirá en las próximas y aún en las siguientes. Estos días he visto, en las puertas de los teatros, largas colas de espectadores impacientes. He visto, ya en el interior, en esa plaza de mercado, sala de espera, puerta de embarque hacia viajes insospechados que son los vestíbulos de todos los teatros, un ir y venir de caras sonrientes (hemos aprendido a sonreír con los ojos, a cuenta de la mascarilla), una efervescencia de aspavientos y miradas cómplices. He visto, de nuevo, el entusiasmo.Londres y Nueva York, dos ciudades clave de la cultura y el ‘show business’, abrirán, por fin, esta semana, algunos, pocos, de sus teatros. Otros, los más grandes, no lo harán hasta el otoño y la mayoría hasta muy entrado el invierno. Aquí llevamos meses de adelanto. Esta primavera, repleta ya de actividades, no es sino la antesala de lo que nos espera. El anuncio de la programación del Grec 2021 ha venido a incrementar la euforia. Y lo mismo la publicidad de tanto y tanto festival al aire libre. Felicitémonos. Todo apunta a un largo y cálido verano, también para el teatro.