Un viaje por la diversidad

Seres vivos extrañísimos

Vivimos en un mundo multicolor en el que quizá nosotros somos la especie más rara

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Un ejemplar adulto de diablo de Tasmania, carnívoro marsupial del tamaño de un pequeño perro.

Un ejemplar adulto de diablo de Tasmania, carnívoro marsupial del tamaño de un pequeño perro. / MENNA JONES

Uno de los mejores títulos de un libro sigue siendo, en mi opinión, ‘Mi familia y otros animales’, del naturalista inglés Gerald Durrell (1925-1975). Pues de eso les quería hablar, de animales y de otros seres vivos “raros, raros”, como habría dicho aquel personaje televisivo. Algunos ya desaparecieron y otros siguen entre nosotros, la mayoría escondiéndose de la globalización y esas cosas. No voy a entrar a discutir sobre chupacabras, unicornios, centauros, sirenas, caballos alados tipo Pegaso, el Bigfoot o el abominable hombre de las nieves. Aunque mencionar que los llamados hombres lobo podrían haber sido simplemente portadores de enfermedades genéticas asociadas al hiperhirsutismo (crecimiento excesivo del vello) o de que los vampiros serían enfermos de porfiria, patología hematológica asociada a la hipersensibilidad al sol, piel blanca y la aparición de heridas sanguinolientas, me parece tentador. No, dejemos animales mitológicos y legendarios al margen. En este mundo donde desde el espacio se puede detectar con imágenes de alta resolución un yacimiento arqueológico perdido, volvamos por un momento a ese mundo más romántico de expedicionarios naturalistas que surcaron los mares y caminaron por las tierras de un planeta aún por descubrir en parte, entre ellos los excepcionales Alexander von Humboldt (1769-1859) y Charles Darwin (1809-1882).

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Hay animales que no encontraremos en este viaje, por el simple motivo de que ya no existen. Mi favorito sigue siendo el pájaro dodo natural de la isla Mauricio con su aspecto torpe, que fue cazado hasta su extinción con la ayuda de animales domésticos que se comían tambien sus huevos. Se cree que desapareció en 1690. Algo similar ocurrió con los moas de Nueva Zelanda, parientes de los emúes pero en tamaño “maxi”, extinguidos justo antes de 1500. Oceanía, por su aislamiento, ha sido un continente que ha producido muchas de estas rarezas a nuestros sencillos ojos mediterráneos. Como el ornitorrinco, mitad mamífero, mitad ave. O como el demonio de Tasmania, que padece actualmente un cáncer rarísimo que se transmite por el mordisco. El aislamiento origina muchas veces singularidades inverosímiles. Por ejemplo, la aparición de crustáceos blancos y completamente ciegos en grutas profundas que no han visto la luz durante milenios. Y en los profundidades de los océanos, determinados peces depredadores han desarrollado estrategias para sobrevivir, creando luz que atrae a sus pobres víctimas.

Y si vamos a seres más pequeños la diversidad es aun mayor. Seguramente hay miles de tipos de bacterias y protozoos por descubrir. En la Antártida existe un lago llamado Vostok eternamente cubierto por el hielo. Ahora lo están empezando a perforar para obtener esa agua immaculada desde hace un tiempo immemorial, seguramente aislada desde hace unos 15 a 25 millones de años. ¿Qué microorganismos descubrirán en ella? Volviendo a los océanos y a sus profundidades ciegas y frías, en las mismas hay unos pocos focos de calor. Son las llamadas chimeneas hidrotermales, que gracias a reacciones geoquímicas han originado alrededor de ellas un ecosistema vivo en un ambiente inhóspito. Y también hay una bacteria denominada 'Thermophilus aquaticus' a la que le gusta residir en manantiales de agua caliente de 50 a 80º C. ¿Quién le hubiera dicho a este ser que una proteína suya, la polimerasa, sería la clave para la PCR? La técnica que revolucionó la biología molecular hasta llegar a su máxima popularidad en el diagnóstico del covid-19.

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Quizá de algunos animales extraños debamos aprender algo. Un ejemplo son los bononos, un tipo de primate que resuelve sus conflictos, en vez de peleándose, por medio del sexo. No me pregunten cómo se aplicaría esto en el contexto humano. A veces no se trata de una especie en su totalidad que es curiosa a nuestros sentidos, sino solo de un ejemplar de la misma. Vacas con solo un ojo central (como los míticos cíclopes), serpientes con dos cabezas o corderos con seis extremidades. Mutaciones espontáneas en la línea germinal de estos individuos. Mi favorito sigue siendo Copito de Nieve, el primate albino que fue símbolo de una Barcelona perdida en el tiempo. De niño iba bastante a verlo. Luego de mayor volví una vez y no lo reconocía, era un gigante de ojos tristes que me observaba con desgana. La soledad innata al hecho de ser único.

Hoy en día empiezan a existir colecciones de ADN de animales extinguidos o en peligro de hacerlo. Con la secreta ambición de una clonación futura que los devolviera a la vida. No sé. Me gustaría que pudiéramos conservar y aumentar la diversidad de la naturaleza y los seres vivos de otra manera. Y poder seguir maravillándonos con este mundo multicolor en que, quizá, somos nosotros la especie más rara.

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