Editorial

Poco arreglarían unas nuevas elecciones

Menos del 15% de los electores verían bien la celebración de nuevas elecciones, lo que podría ser un acicate para que ERC y JxCat se pongan de acuerdo

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El Periódico

Pere Aragonès y Laura Borràs, durante la fallida sesión de investidura.

Pere Aragonès y Laura Borràs, durante la fallida sesión de investidura. / AFP

Cuando solo faltan 10 días para que el Parlament se disuelva automáticamente y se convoquen nuevas elecciones, prosigue el desacuerdo entre ERC y JxCat para formar un Govern que evite la repetición electoral. Los dos principales partidos independentistas llevan tres meses negociando, con muy poca convicción, y, aunque la mediación de la CUP ha significado una reanudación discreta de las negociaciones, no parece que haya habido avances en los puntos de divergencia sustanciales.

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Menos del 15% de los electores verían bien la celebración de nuevas elecciones, lo que debería ser un revulsivo para que ERC y JxCat se pongan de acuerdo para constituir un Govern. Aunque, de todas formas, si se llegara al pacto, no puede suscitar muchas esperanzas a la vista de lo ocurrido en la anterior legislatura y de la lamentable actuación de los dos partidos en las hasta ahora fallidas negociaciones. Pero la necesidad de un Govern es ineludible en un momento en que la situación política está por los suelos –un 77,5% la consideran mala o muy mala–, la economía catalana ha entrado en recesión, la pandemia sigue ahí, pese a la mejora de los datos por la vacunación masiva, y está pendiente el reparto de los fondos europeos del plan de recuperación.   

La responsabilidad de esta situación recae, según los encuestados, en los dos partidos que aspiran a consolidar la mayoría en el Parlament, aunque Junts sale algo peor parado que Esquerra ya que el malestar con el ‘puigdemontismo’ se traslada a la intención de voto, y según el sondeo Junts perdería casi tres puntos porcentuales y retrocedería entre cinco y siete escaños. Este descenso es el dato más relevante de la encuesta, aunque se matiza con el hecho de que los electores de Junts siguen siendo un bloque compacto detrás de Puigdemont, que es el político mejor valorado entre su electorado, nada menos que con un 8. El otro dato destacado de las expectativas electorales es la consolidación al alza de la victoria del PSC, que aumentaría su porcentaje en 3,5 puntos y podría obtener cuatro o cinco diputados más. ERC se mantendría en segundo lugar, con un ligero crecimiento (1,5 puntos y de uno a tres escaños). Los demás partidos repetirían sus resultados, con la única excepción del crecimiento del PP en dos o tres escaños, los mismos que perdería Ciutadans, que queda a punto de perder la representación y su salida del Parlament mitigaría la caída de Junts. Los independentistas mantendrían la mayoría absoluta, con menos porcentaje de votos –no alcanzarían el 50%–, y muy ajustada (68 escaños) en la banda baja de las horquillas.

Salvador Illa sigue siendo el preferido para ‘president’ de la Generalitat, con más de tres puntos de ventaja sobre Pere Aragonès y más de seis sobre Puigdemont en un contexto en el que ninguno de los líderes políticos aprueba y la mayoría –todos menos el del PP– han empeorado su valoración. Otro de los signos de la desafección por la política se observa en la pregunta sobre qué priorizan los electores. Por abrumadora mayoría, la gente está mucho más preocupada por la pandemia que por el ‘procés’ (75,3% frente a 21,6%).

Así las cosas, hay tres escenarios posibles. El primero es una repetición electoral que no favorecería a los independentistas y aún menos a quienes más problemas están poniendo, Junts. El segundo es un acuerdo in extremis, entre partidos que recelan más que nunca y compiten más que nunca y que ya protagonizaron una legislatura agónica. El tercero es una fórmula nueva, con Esquerra en minoría con la CUP y Comuns. Igual es lo que les convendría a los que más tienen que perder. Y también a los votantes, muy cerca del hartazgo.