Franja de Gaza

El conflicto permanente

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Unos civiles palestinos inspeccionan los restos de sus casas después de un ataque israelí.

Unos civiles palestinos inspeccionan los restos de sus casas después de un ataque israelí. / Said Khatib

Todo resulta demasiado familiar, una vez más. Cambiando detalles, todas mis crónicas del conflicto entre Israel y Palestina de la última década podría publicarlas hoy. La base de la violencia actual es idéntica, la idea de un proceso de paz no aparece en el horizonte, la posibilidad de diálogo ni siquiera se intuye. Hamas, que gobierna en la franja de Gaza es demasiado duro, la Autoridad Nacional Palestina demasiado débil y el gobierno de Netanyahu solo sabe sobrevivir en medio del conflicto. Son incapaces de avanzar cuando baja la tensión, por eso ahora que la violencia arrecia solo podemos esperar más vidas perdidas, poco más.

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El conflicto sigue teniendo las mismas premisas de partida. Israel tiene derecho a vivir en paz, los palestinos a no estar condenados a un apartheid o -aún peor-, a una prisión a cielo abierto como sucede en la franja de Gaza. Pero la ecuación lleva tiempo en un agujero negro donde cualquier esfuerzo de mediación requiere una energía enorme para acabar en nada. El conflicto es inevitable, lo malo es que cada episodio lo hace peor. A diferencia de otras anteriores, esta escalada ha abierto un nuevo frente que ya no está en los territorios ocupados, sino en el interior de Israel, en las ciudades mixtas como Lod, donde israelís, árabes y judíos coexisten. Una violencia mas íntima que sucede entre vecinos de un mismo barrio, con linchamientos callejeros incluidos. 

Por lo demás todo es excesivamente parecido, incluida la frustración para conseguir un acuerdo. Hace unas semanas el gobierno de Netanyahu estaba forzado a aceptar los votos de los partidos árabes para formar gobierno, los cohetes de Hamas rompieron ese atisbo de la realidad dual en Israel. A todos les va bien. Este nuevo episodio durará un tiempo, el conflicto es la única coexistencia en esta región del mundo. Todos los esfuerzos de las últimas décadas solo han intentado recuperar cierta normalidad tras la violencia, pero ninguno plantea el final de un conflicto permanente.