Música

La otra vida de los músicos

Los músicos que prolongan el talento en el tiempo reciben más atención, pero es interesante fijarse en los que dejaron de tocar

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Imagen de archivo de los Talking Heads, en 1977.

Imagen de archivo de los Talking Heads, en 1977.

Me cae en las manos 'Amor crónico', las memorias del músico Chris Frantz, publicadas hace poco por Libros del Kultrum. Viendo la foto de la cubierta —un chico y una chica jóvenes, estética pop años 80, discreta— me cuesta situar ese nombre. Entonces recuerdo la entrevista que le hizo en este diario Rafa Tapounet y los identifico a ambos, el autor del libro y su compañera, como los otros miembros de Talking Heads. Los que no son David Byrne. Me da miedo que el batería se dedique a ajustar cuentas con el líder que los desdeñaba —un caso típico en muchos músicos resentidos—, pero empiezo a leer y no: pronto me doy cuenta de que es mucho más. Aparte de escribir evitando tópicos, Chris Frantz hace una declaración de amor a su música, a la época en que relucieron como grupo único, y a su mujer Tina Weymouth, la bajista del grupo, con quien luego creó el experimento Tom Tom Club. La lectura acaba siendo, al fin y al cabo, como una buena canción de los 'Talking Heads': aunque haya momentos de amargura y rabia, y algún despropósito surrealista, todo se explica con lucidez, sentido del humor y una sensación de proximidad auténtica.

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Mientras leía 'Amor crónico', a veces me detenía para escuchar a los 'Talking Heads', y eso me hizo pensar en David Byrne. Más allá de las rencillas de grupo, Byrne ha demostrado que tiene siete vidas como artista y no ha parado de crear, en todos estos años. Como él, los músicos que tienen esta capacidad de prolongar el talento en el tiempo —Bowie, Costello— suelen recibir mucha más atención, pero a veces también es interesante fijarse en lo que hacen quienes dejaron de tocar profesionalmente, como Chris Frantz y tantos otros. Pienso, por ejemplo, en otro icono de los años 80 en Nueva York: John Lurie. Actor fetiche de Jim Jarmusch, músico de jazz experimental con los Lounge Lizards, hace años que se dedica a la pintura. Ahora, además, protagoniza una docuserie en HBO, 'Painting with John', donde le vemos pintar al tiempo que cuenta anécdotas de su pasado, que le permiten filosofar sobre la vida. Todo es muy reposado y fácil, casi lento, exactamente como su forma de actuar y de tocar música. Se llama personalidad.

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