ANÁLISIS

En el mismo sitio que hace un año

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Laporta, en la inaguración del Barça Café en el Camp Nou.

Laporta, en la inaguración del Barça Café en el Camp Nou. / Afp / LLuís Gené

Está a punto de caer el telón. En el Barça casi todo el mundo sabía que iba a ser forzosamente una temporada de transición y lo que ahora se digiere peor es la evidencia de que la próxima también lo será. Han pasado muchísimas cosas pero en casi todos los niveles la situación del club está en el mismo sitio del inicio de temporada.

Únicamente son una verdadera novedad los casi niños que se han incorporado al primer equipo. Bartomeu se fue, llevándose desdichas y errores; Laporta ha traído un viento que quizá se convertirá en una corriente de aire fresco; pero haber, hay lo que había. ¿Lo dudan? No sabemos si seguirá Messi, ignoramos si no abjurar de la Superliga comportará el castigo de no jugar en Europa, el club sigue sin dinero, no trascienden indicios sobre el proyecto deportivo...

Laporta pone cara de exigente, pero se desconoce la distancia entre lo que quiere y lo que puede hacer.

¿Seguirá Koeman?, ¿dejará de sobrevolar la sobredimensionada sombra de Xavi, cuya capacidad como técnico y como gestor de complejidades es una absoluta incógnita?, ¿se materializará el adiós muy buenas a varios veteranos gloriosos que aún teniendo momentos de acierto ya carecen de la fuerza sostenida necesaria para superar a sus iguales de la Champions?

Laporta pone cara de exigente, pero se desconoce la distancia entre lo que quiere y lo que puede hacer. No creo que sacrifique a Koeman, que ni ha tenido aguante o conocimientos para llegar tácticamente bien hasta el final de la temporada ni ha sabido motivar al equipo en los momentos más decisivos. Pero ha ayudado a que Messi se recuperase, ha inyectado mucha calidad joven y barata como si estuviese en el Ajax, y ha sabido prolongar la carrera del aún imprescindible Busquets

Lo mejor del holandés ha sido su lucidez inicial ante el panorama: el Barça probablemente habría ganado la Liga si hubiese traído al accesible Depay cuando se decidió la salida de Suárez, y si el también accesible Eric García hubiese dado estabilidad a la defensa sin que se tuviese que esperar a que Araujo y Mingueza alcanzasen poco a poco el tono.

¿Qué demonios hará el Barça?

Pero luego a Koeman le ha hundido el agotamiento prematuro de Pedri, lo mucho que tardó en encontrar Griezmann su complicidad con Messi, el desdichado paso atrás de Ter Stegen dejando en seco de hacer milagros, la imposibilidad de que De Jong estuviese al mismo tiempo arriba y abajo, y las irregularidades excesivas de Dembelé, Dest y Sergi Roberto. Si la temporada que viene no se insiste en esa línea de trabajo, ¿qué demonios hará el Barça? Y si la temporada que viene los viejos del Madrid acaban siendo más resolutivos que los del Barcelona, ¿cuáles serán los nuevos pasos de la transición?

Cuestión de piernas

En relación a Messi se pueden hacer las conjeturas que se quiera pero es muy difícil que desaproveche la posibilidad de conseguir una Champions más. Y es prácticamente imposible que Laporta pueda hacer los mínimos que le convencerían. Messi es muy barcelonista, ¿pero hasta ese límite? El club puede traerle a su amigo Kun Agüero como señuelo, pero poco más. No tiene a su alcance ofrecerle también un cambio radical que ponga punto final a la atracción fatal que sienten bastantes de sus compañeros hacia insistir en el error de gustarse en el dominio intrascendente de los partidos y la falta de tensión continuada corriendo durante los 90 minutos de cada partido.

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Hay una cuestión de piernas y edad en eso, pero hay asimismo una mala cultura adquirida. Dominar sin jugar ni intentar marcar, tomándose pequeñas secuencias de descanso aunque la pelota esté viva, servía en tiempos en que después había fuerza y clase para demoler con el balón a todo lo que se pusiera por delante. Ahora falla lo segundo y no tiene sentido hacer lo primero.

Quizá haya barcelonistas que sepan consolarse con lo que hacen las otras secciones o el equipo femenino. Pero los hay mayoritariamente que no. Y para ellos la Copa no es prácticamente nada. Eso cierra un círculo, porque ahí nacen continuas urgencias históricas de las que no se resuelven con simples buenas voluntades.