Pros y contras

Desde el balcón

Me dice un amigo, "al menos sé que me quedo en casa porque quiero". Quizás es el mejor resumen de la cosa

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Ambiente tras el final del toque de queda en la Barceloneta

Ambiente tras el final del toque de queda en la Barceloneta

No recuerdo que la primera desescalada, en junio del año pasado, fuera tan celebrada como este adiós al Estado de alarma. Quizás porque fue más progresiva, como si bajáramos de la buhardilla con mucho cuidado, atentos a los peldaños. Ahora hemos cogido uno de esos ascensores que parece que se deslicen en caída libre hacia la planta baja. Quizás porque hemos podido poner una fecha concreta al fin de las restricciones. Todos recordaremos este 9 de mayo. Necesitamos puntos de referencia y, habiendo un día D y una hora H, las celebraciones han tomado un impulso que tanto es fruto de la larga contención obligada como del hecho de compartir, en un mismo espacio, el mismo tiempo, pautado por unas campanadas liberadoras. Miras el entorno más inmediato (por no hablar de los más alejados) y te das cuenta que no es el final de la guerra, sino una especie de alto el fuego en el que se mantiene la alerta. Los hay que han practicado el desenfreno anunciado y hay quienes se lo han mirado desde el balcón, con la misma rutina de los últimos seis meses. "No he salido, ni me he emborrachado, ni nada", me dice un amigo, "pero al menos sé que me quedo en casa porque quiero". Quizás es el mejor resumen de la cosa.