La sucesión en Podemos

Pablo Iglesias: se retira el animal político 'disobbediente', por Gemma Ubasart

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Pablo Iglesias.

Pablo Iglesias. / EFE / KIKO HUESCA

Era otoño de 1999 en la ciudad italiana de Bolonia. Un grupo de jóvenes miraban fascinados los periódicos en un quiosco de via Pratello. La batalla de Seattle llenaba las portadas de la prensa del día. Eran estudiantes españoles que habían llegado a Bologna la rossa para hacer un Erasmus. Se encontraron con un intenso laboratorio vital, activista y contracultural: innovación política y musical en los centros sociales; materialización de la pata disobbediente del movimiento global; guerrilla comunicativa, internet y radios libres…

Pablo Iglesias empezó a militar en las UJR (Unión de Jóvenes Revolucionarios) con 14 años. Finalizó los estudios de derecho en la facoltà di via Zamboni. De retorno a Madrid abandonó el partido y participó activamente en el MRG (Movimiento de Resistencia Global). Se dejó contaminar por una gran heterogeneidad de tradiciones de pensamiento crítico. Se matriculó en políticas, después vinieron másteres y doctorado. Estudiante brillante, culto y a la vez animal político. Los objetivos se pelean. Fue de los primeros en entender el papel de los medios en la disputa política: la Tuerka como imprescindible ensayo general.

Desde los márgenes del sistema, una generación de activistas comprendió en su paso por América Latina la importancia de dar también la batalla institucional. Las estructuras de oportunidad favorables hay que aprovecharlas. Asesoraron gobiernos y partidos, se implicaron en los procesos de cambio de varios países de la región. A la vuelta al viejo continente complejizaron su acercamiento a la política. En aquel entonces en España la crisis económica arrasaba e impactaban dramáticamente las medidas de austeridad. La indignación y la desafección se apoderaban de una parte importante de la ciudadanía. El terremoto del 15-M movía el tablero. Se abría una grieta: muy estrecha pero que podía llegar a ser muy profunda. Esta era su hipótesis.

El laboratorio de la Complutense contaba con recursos muy limitados: una figura mediática que conseguía conectar con el clima de impugnación del momento (Iglesias); una construcción discursiva que mezclaba ingredientes del populismo laclauniano con la propia tradición izquierdista europea (somos 99%); unos conocimientos político-técnicos en la organización de campañas; y un puñado de activistas dispuestos a trabajar voluntaria e intensamente. Se eligió cita para el experimento: en las elecciones europeas de 2014 Podemos obtenía 5 escaños. En paralelo, en Barcelona se empezaba a cocinar la candidatura de Ada Colau para la alcaldía.

Demoscopia, fango, tensiones internas

Se iniciaba, así, un ciclo electoral que estaba ordenado al revés de lo que hubieran deseado. Antes de llegar a las elecciones generales (su principal objetivo) debían recorrer una importante carrera de obstáculos sin estructura de partido. Tenían una herramienta construida en la excepcionalidad, una maquinaria de guerra electoral, con potencialidades en un momento urgente e irrepetible, pero también con limitaciones para transitar un largo trayecto. Experimentaron la aceleración demoscópica, la maquinaria del fango, las tensiones internas.

En las elecciones de 2015 y 2016 la candidatura morada conseguía 69 y 71 diputados. Contradiciendo a la politología patria, un partido de alcance estatal nacido de la nada conseguía no ser penalizado por el sistema electoral. Aunque en la “remontada” los líderes de Podemos llegaron a visualizar el sorpasso al PSOE (emulando a Syriza), pasadas las elecciones Iglesias se negó a transitar por lo que ya era un espejismo. Así, el líder morado formalizó una oferta de gobierno de coalición a Sánchez como alternativa a la continuidad de Rajoy. No pudo ser. Dos años más tarde, la crisis catalana y la corrupción de los populares dieron paso a la primera moción de censura exitosa del país. La rápida y acertada actuación de nuestro protagonista, y su buena relación con las fuerzas plurinacionales, fue indispensable para que el instrumento de destitución prosperara.

La izquierda y lo plurinacional

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Ahora bien, la constitución de un ejecutivo de coalición aún tuvo que esperar, dos elecciones mediante. Ocupar la vicepresidencia no era un capricho. Entendía que era requisito indispensable para falcar una triangulación de izquierdas y plurinacional, la única capaz de hacer frente a los retos estructurales del país. Y entonces llegó la pandemia. La presencia de UP en el Gobierno contribuyó de manera decisiva al giro de timón gubernamental, sintonizando con nuevas coordenadas internacionales: el acercamiento a la crisis había de ser radicalmente distinto a lo ocurrido en la década anterior. Escudo social y revalorización de lo público.

El compromiso político ha sido, es y será inseparable de la vida de Iglesias. Eso sí, con declinaciones diversas. Concluido un intenso ciclo de siete años deja paso a la dirigente que cree mejor situada para recabar nuevos hitos de progreso. En primer lugar, reconstituir y dinamizar el espacio plural de la izquierda transformadora en el país. Y Yolanda Díaz toma el testigo, quizá, hasta la presidencia.