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Una liga de cojos

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Gerard Piqué saca un balón ante Suárez y Joao Félix.

Gerard Piqué saca un balón ante Suárez y Joao Félix. / AFP / Josep Lago

La jornada comenzó con el aire aseado para aquellos que aún reclaman cierta moralidad al fútbol y al club azulgrana en particular. Neymar mantendrá la carpa de su espectáculo 360º en París y se desvanece la amenaza de su retorno. Bien. Por este flanco, un verano tranquilo. El aire se había enturbiado antes con las amenazas de la UEFA, con un Ceferin en el papel de una institutriz siniestra y arrogante castigando a los niños que pretendían escapar del orfanato. Mal.

Pero vayamos al partido del Camp Nou, decepcionante en líneas generales como un restaurante caro sirviendo platos sin sabor. Con todo lo que había en juego, el regusto que quedó no fue digno de la experiencia exquisita que se esperaba. Defraudó la puesta en escena de ambos equipos, aletargados muchos minutos, más miedosos que excitados, en particular el azulgrana. Su primera parte debió causar desánimo en la hinchada.

Solo la soberbia diagonal de Messi, superando jugadores rojiblancos como si fueran conos, elevó momentáneamente el espíritu afligido general. Aún suerte que el pistolero Suárez se dejó las balas en Madrid. Un amigo.

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Vimos en la segunda parte algunos chispazos de determinación. Insuficiente. El partido corroboró las limitaciones de este Barça ante los equipos de entidad, la lapa que Koeman y sus jugadores no han logrado descuajar de su cuerpo esta temporada. La directiva debe reforzar la plantilla como buenamente pueda de cara al curso próximo. No resiste su juego la comparación, al ritmo que jugó ayer, con la presteza supersónica del City o el Chelsea. Por ejemplo.

A falta de los tumbos que aún pueda dar esta Liga errática, el Atlético dejó entrever que no planea abalanzarse sobre el título. No piensa en la conquista sino en la rendición por asfixia de sus dos competidores. Esperar es su hoja de ruta. Muy de Simeone. El Madrid parece exhausto, aunque puede obtener vitaminas del liderato, si lo atrapa. Y el Barça tiene la fuerza enclenque y la destreza acotada por sus limitaciones. Pero nada está perdido, nada está decidido. Esta es una liga de cojos. La suerte de los tres.