Editorial

Paso irreversible de Esquerra

En los próximos días se comprobará la autenticidad del movimiento de Aragonès para gobernar en solitario. Si es una argucia negociadora, el órdago le puede salir mal

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El Periódico
Pere Aragonès.

Pere Aragonès. / ACN / PRESIDENCIA / RUBÉN MORENO

Esquerra dio este sábado un puñetazo en la mesa de las negociaciones para formar Govern con Junts per Catalunya. El candidato del partido a la investidura, Pere Aragonès, se hizo eco de una demanda transversal en la sociedad catalana: urge poner en marcha la nueva legislatura, sin más dilaciones. El líder republicano se mostró dispuesto a aceptar la oferta repetida una y otra vez por los de Puigdemont y gobernar en solitario. Si el movimiento de Aragonès es simplemente una argucia negociadora, el órdago le puede salir mal. Es evidente que Esquerra no quiere llegar a la fecha límite del 26 de mayo con la negociación abierta y entonces verse obligada a aceptar la tutela de Puigdemont desde Waterloo. La propuesta de Aragonès solo tiene sentido si aceptan que la única alternativa al ultimatum es la convocatoria de elecciones. Entonces, sí.

Por eso es importante mirar con lupa los siguientes pasos del candidato. Si en los próximos días se mantiene exigente a la demanda de que Junts cumpla su palabra de investirlo sin entrar en el gobierno, si se asegura el voto a favor de la CUP y busca el de los 'comuns', entonces Aragonès será el dirigente responsable que dice querer ser. Si, por el contrario, se ablanda ante las gesticulaciones de Junts y de su coro en las redes sociales, entonces el gesto de hoy quedará vacío de contenido como lo han sido los diferentes ultimatums que ha proferido.

La autenticidad del movimiento de Esquerra también debe ser un acicate para el conjunto de fuerzas políticas del Parlament. Catalunya necesita un Gobierno y si no lo puede tener, necesita elecciones. Ahora es el momento de explorar si lo puede tener, que sería la mejor opción, cuando Europa se juega su futuro con los fondos 'Next Generation' y la economía catalana entra en recesión técnica. El partido de Colau ya se ha mostrado dispuesto a escuchar una oferta seria de Aragonès. La CUP no tendrá la excusa de las políticas de derechas de Junts. E incluso el PSC, sino en un primer momento, podría apoyar puntualmente a un Gobierno sensato en Catalunya a cambio de sostener un Gobierno sensato en España. La ecuación no es nada fácil. Esquerra debería conducir esa situación con un gran tiento y solo si lo demuestra en los próximos días se puede ganar el crédito para intentarlo en los próximos meses. Y para Junts, esta opción tampoco tiene que ser necesariamente mala. Puede aprovechar los próximos meses para estructurarse como una fuerza política con futuro, más allá de los acontecimientos de 2017.

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Es muy probable que ninguno de estos argumentos prosperen. A Esquerra le puede resultar más sencillo plegarse en el último momento a las exigencias de Junts. Los de Puigdemont pueden preferir la comodidad de los cargos aunque sea en un Gobierno dividido desde el primer día, los 'comuns' y la CUP pueden seguir reclamando eternamente un giro a la izquierda y el PSC puede pensar que a medio plazo le resulta más rentable ser alternativa que no parte de la solución. Pero si eso se confirma, los problemas reales del país seguirán ahí. La división seguirá siendo paralizante, la economía renqueante, la recuperación más débil que en el resto de Europa y la política menos útil y relevante para la mayoría de la población.