Reforma fiscal

Una nueva y mejor fiscalidad

El nuevo modelo deberá responder a una economía digital, globalizada y respetuosa con el medio ambiente

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La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, tras constituirse el Comité para la Reforma Fiscal.

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, tras constituirse el Comité para la Reforma Fiscal. / Jordi Alberich

Junto con la laboral y la de las pensiones, la fiscal es la tercera reforma de gran envergadura que acometerá el Gobierno en esta legislatura. A tal efecto se ha constituido una comisión de sabios que, en un plazo de diez meses, elaborará un informe para la modernización del sistema y la consecución de mayores recursos. Unos ingresos adicionales con los que afrontar los desequilibrios que venimos arrastrando de la crisis financiera de 2008, agravados por la pandemia y sus efectos sobre la economía.

 

Nuestro actual modelo resulta insuficiente, confuso y poco equitativo, tras los incesantes ajustes que, durante décadas, se han introducido, atendiendo a los intereses inmediatos de unos y otros, lejos de una visión amplia y a largo plazo. Sin embargo, ahora resulta ya ineludible abordar la reforma desde una nueva perspectiva, pues las bases sobre las que se ha ido definiendo nuestra fiscalidad se han transformado. Así, el esquema que acabe aprobándose deberá responder a la personalidad de una economía digitalizada, globalizada y respetuosa con el medio ambiente.

 

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Por ello, si con la reforma nos limitamos a cómo conseguir mayores recursos públicos, en línea con  la izquierda, o a reducir la presión fiscal, como pretenden los conservadores, de poco o nada habrá servido el esfuerzo, más allá de generar ruido y una mayor crispación.

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Por contra, se trata de considerar, prácticamente desde cero, cuál es el mejor modelo para conducir esta nueva realidad económica atendiendo, a su vez, a las nuevas exigencias medioambientales. Así, ante un debate de tal naturaleza, sobran las concepciones rígidas, pues una buena reforma deberá incorporar: la disminución de unos impuestos y el incremento de otros; la introducción de nuevos tributos y la eliminación de aquellos obsoletos; y todo ello desde una perspectiva global, pues una economía tan abierta requiere avanzar en una armonización impositiva, tal como ha señalado la administración Biden con sus recientes propuestas. ¡Suerte a los sabios!