Despedida de Pablo Iglesias

El necio

Queda ahora por ver si este adiós definitivo de los cargos institucionales y orgánicos allana el camino para una reunificación del espacio del cambio frustrado por mil y una cuitas internas

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Iglesias dimite de todos sus cargos tras el fracaso de la izquierda en Madrid. / EFE / KIKO HUESCA / VÍDEO: EFE

Podía haber citado en su despedida otra de Silvio Rodríguez, que tiene una 'Canción del Elegido', pero hay momentos en los que hasta los egos están en receso y que uno reconoce abiertamente que “no suma” y que “moviliza los afectos más oscuros y contrarios a la democracia”. Prefirió incluir una estrofa de 'El Necio', toda una declaración de principios y finales de un hombre que “caminando fue lo que fue”. Y Pablo Iglesias ha sido mucho en muy poco tiempo.

Hay quienes opinan que el 4-M ha confirmado que la nueva política fue un espejismo, porque Ciudadanos desaparece del mapa allí donde se abren las urnas y porque Unidas Podemos se ve reducida al espacio tradicional que tuvo Izquierda Unida.Que para este viaje, dirán muchos, no hacían falta tales alforjas. Fueron tantas las expectativas que todas expresiones de decepción son pocas, pero la historia reciente de este país sería otra sin Iglesias. Con sus aciertos y sus errores, sus sonrisas del destino y su cal viva, cuesta pensar en la recuperación del Gobierno de España para la izquierda si Unidas Podemos no hubiese llegado para revolucionar ese espacio político.

Fue la amenaza que supuso Iglesias, que en 2015 estuvo a punto de 'sorpassar' al PSOE, la que empujó a los socialistas a un catarsis colectiva que terminó relanzando electoralmente al PSOE, dividido entonces entre los que asumían como natural el acercamiento al partido nacido a su izquierda y a su costa y quienes se referían a su líder como Pablo Manuel, que Pablo Iglesias ya hubo uno. 

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Muchos en el PSOE no le perdonan la soberbia con la que opinan que les trató durante mucho tiempo. Otros le acusan de haber llevado al extremo a la coalición en situaciones innecesarias, de haber forzado dos repeticiones electorales, otros le señalan por desleal y están convencidos de que Pedro Sánchez puede ahora dormir más tranquilo, sin Iglesias incordiando cual Pepito Grillo. Cada cual cuenta la historia desde su perspectiva pero este PSOE que ganaba elecciones hasta que Isabel Díaz Ayuso se cruzó en su camino es fruto de todo aquello que provocó la irrupción de los morados. Paradójicamente, Podemos despilfarró después todo el capital político que supo catalizar a partir de 2014.

Pablo Iglesias se va entre letras de Silvio y será el tiempo el que permita hacerle un juicio justo. Abandona después de haber salvado los muebles de su organización en las últimas elecciones y de haber asegurado la continuidad del Gobierno de coalición, ya sin él en la vicepresidencia que tanto peleó. Queda ahora por ver si este adiós definitivo de los cargos institucionales y orgánicos allana el camino para una reunificación del espacio del cambio frustrado por mil y una cuitas internas. ¿Está Iñigo Errejón dispuesto a competir con Yolanda Díaz en unas elecciones generales? ¿Podrían sonar afinados los distintos acentos de aquello que fueron las confluencias? ¿Será capaz de sumar quien se haga con el control orgánico de Unidas Podemos después de Iglesias? Quién sabe qué es el destino.