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Con cara de susto

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Messi, tras marcar en Valencia.

Messi, tras marcar en Valencia. / AFP / JOSÉ JORDÁN

El correoso penalti reflejó el tormento con que debió vivir Koeman el partido de ayer. El gol de Messi, el del empate, producto de carambolas alocadas, concluyó con la cara seria del argentino y de susto de todos los demás. Marcó, pero cómo costó. Gol sufrido en una victoria entre sobresaltos. Durante un buen rato quien más quien menos se preparaba para escribir una necrológica sobre cómo arruinarse en solo tres días. No hizo falta. El Barça ganó una semana de vida en esta liga bacheada como pocas.

El equipo azulgrana jugó con el trauma de la derrota de Granada a cuestas. Y se diría que el aficionado lo vivió igual. No se acababa de creer el dominio incontestable y las posesiones eternas. No acabó de confiarse por las dos o tres ocasiones claras desperdiciadas y la tranquilidad en la cueva propia. El Granada enseñó que el disgusto irrumpe embutido en un balón que parece no ir a ninguna parte y por eso la aprensión duró hasta el pitido final.

Aun así, conviene resaltar de este equipo –el día del Granada aparte- su capacidad de resarcirse y deshacer entuertos, como ayer o ante el Villarreal. Conviene, en cambio, afearle una suerte de bajada de tensión, como si se confiara o relajara, como si sufriera de un trastorno de déficit de atención, lo que le hace sufrir, incapaz de mantener el control los 90 minutos.

La elección de Laporta

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Desde el palco lo vio Joan Laporta, un hombre que ha venido a divertirse a este mundo, a Valencia también. Ayer prefirió una paella valenciana rodeado de buenos compadres a quedarse en el palco de un partido de Champions femenina. El plan era más cachondo y más completo, qué duda cabe. Pero la representación institucional implica en ocasiones elegir la opción menos jocosa. Sacrificios que van con el cargo. De lo contrario quedas más bien regular ante parte de tu audiencia. Y es que nadie le habría echado de menos en el palco de Mestalla. En Barcelona, en cambio, pues algo más. 

Pagó su elección desacomplejada con una noche de sufrimiento intenso en Mestalla. Eso sí, esbozando sonrisas al final. La semana que viene, con el partido crucial ante el Atlético, vendrán más emociones. Esta Liga alegra de lo imperfecta que es. 

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