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Todas las horas perdidas

El principal problema con las plataformas de 'streaming' de series y películas diría que llega a la hora de elegir lo que quieres ver

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Todas las horas perdidas

Tras algunos cuantos años frecuentando las plataformas de 'streaming' de películas y series —y comentándolo con los amigos—, diría que el principal problema llega a la hora de elegir lo que quieres ver. Con todas las horas perdidas leyendo títulos y sinopsis de películas, dudando si quiero invertir 90 minutos en una comedia francesa, una serie policíaca sueca o un documental sobre las mejores mansiones de Nueva Zelanda, hubiera podido ver de nuevo tres temporadas de 'Seinfeld'. Contando algunas excepciones, cuando sé lo que quiero, estos ratos de incertidumbre me recuerdan esos años de cuando íbamos al videoclub y, como todos los buenos títulos ya estaban alquilados, nos quedábamos quietos como papamoscas ante el muro de carátulas y al final escogíamos una comedia fumeta de Cheech y Chong.

Hay que decir que cada plataforma tiene sus problemas. HBO es la que tiene una peor interfaz y a menudo se convierte en un laberinto sin actualizar. Amazon Prime Video es como un mercado de los Encants, donde lo viejo y lo nuevo, la quincalla y el metal precioso, se mezclan sin ninguna lógica. Filmin es ordenada y facilita la elección, pero cuesta volver hasta el inicio y, en más de una ocasión, me he pasado dos horas mirando tráilers de películas: entonces la principal distracción —como cuando vamos al cine— es criticarlas y decidir si me gustaría verlas enteras o no. Netflix es el hipermercado, el gran bazar, con marcas blancas y, de vez en cuando, alguna delicatessen formidable.

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Ahora, precisamente para evitar esta vagancia eterna por su catálogo, Netflix ha lanzado una función llamada 'Play Something': al clicar, ellos deciden por ti y te proponen algo, basándose en tu historial algorítmico. Puede que funcione, no digo que no, aunque mi historial seguramente ya es bastante caótico por culpa de su oferta y, por lo tanto, casi sería mejor que la propuesta fuera del todo azarosa. En el fondo, sería como volver a los inicios: abrir la tele para “ver lo que ponen” y quizá dejarse convencer por lo inesperado, por la sorpresa de descubrir algo que —literalmente— aún no ha visto nadie, o al contrario: que todo el mundo está viendo en ese mismo momento.