Cumbre en Lledoners

Ni confrontación ni diálogo, gestión

Si de verdad los partidos independentistas quieren que Catalunya no retroceda, deben salir de su burbuja Y acordar una lista de consejeros capaces de despertar nuevas expectativas

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Imagen de archivo de Josep Rius y Elsa Artadi, en el aparcamiento de la cárcel de Lledoners, el pasado mes de abril.

Imagen de archivo de Josep Rius y Elsa Artadi, en el aparcamiento de la cárcel de Lledoners, el pasado mes de abril. / Ferran Nadeu

Ningún dato del presente conduce a pensar que en los próximos años el 'posprocés' desemboque en una nueva etapa, ni de confrontación ni de diálogo con el Estado. Tanto es así que en la cumbre de Lledoners nadie se molestó en esconderse tras las cortinas de humo diversamente coloreado para encubrir la verdad de una lucha descarnada por las cuotas de poder. No es preciso pues que se esfuercen los animadores de JxCat en revestir el 'neoautonomismo' de legitimidad rupturista. Es inútil que los corifeos de ERC imaginen rendijas para el diálogo donde no puede haberlas. Los relatos funcionan cuando existe un público dispuesto a asumirlos, pero dejan de ser creíbles a medida que los meses caen como losas sobre las ilusiones y la realidad, lejos de mostrarse propicia, los aplaza una y otra vez y los va destiñendo hasta que los desmiente.

Esta es la situación y estas, las tristes perspectivas. Depositar esperanzas en una hipotética victoria de las izquierdas el 4-M en Madrid como detonante que desencalle el conflicto catalán puede servir para autoafirmarse como pragmático, realista y enemigo de radicalismos. Pero en tanto que pronóstico es seguro que se estrellará contra la persistencia de la roca inamovible de Madrid. Si se confirma la revalidación de Ayuso, Sánchez dirá que conviene aguantar una temporada más sin medidas de gracia para no poner en peligro el gobierno de izquierdas en La Moncloa. Y viceversa pero con un discurso similar: una hipotética y en el mejor de los casos ajustadísima victoria de la suma de PSOE, Más Madrid y Podemos, en lugar de abrir la senda de las concesiones la mantendría cerrada bajo el pretexto de que se trata de una caja de Pandora.

El discurso implícito de Pedro Sánchez con sus socios es y será en todos los casos: o yo o el PP-Vox. Con Sánchez no avanzará ninguna agenda independentista, pero es cierto que con el tándem de la derecha y la extrema derecha la situación empeoraría, y mucho. Entre la pared del PSOE y la espada de la derecha hay diferencias obvias, sobre todo para quien, a pesar de estar atado de manos y pies, aun puede elegir el mal menor.

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Llegamos así al segundo debate infructuoso. La política de los independentistas en Madrid, lejos de pleitear haciendo el inútil sobre un cambio de modelo territorial que ponga freno a la metrópoli calificada por Ximo Puig de aspiradora, modelo más que consolidado, y además de clamar contra las injusticias, solo puede consistir en comportarse como buenos autonomistas, votación por votación, ministerio por ministerio, medida por medida. Esto, y proporcionar al PSOE tantos votos como precise para evitar que la espada sustituya la pared. El modelo de Estado ha pasado de centralista a macrocéfalo en todos sentidos. Madrid chupa los mejores cerebros y las energías de toda España sin distinciones. Madrid crece y crecerá a costa de España como megalópolis imparable. Gane quien gane en la comunidad, el rumbo de esta vía no se torcerá. El modelo, compartido por todos, comenzó con el AVE Madrid-Sevilla.

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Los retos de Catalunya son pues enormes; los instrumentos para afrontarlos del todo insuficientes, pero no más que en los siglos pasados. Cuanto más tarde empecemos, peor. Cuanto más divididos, mucho peor aún. Sea cual sea la fórmula de gobierno de la Generalitat que los partidos se dignen acordar, la prioridad no son los relatos, no son las hojas de ruta en forma de brindis a un sol empañado por vuelos de palomas; es el país, son las emergencias que solo se pueden paliar con una buena gestión. Y que, al contrario, se agravarán si continuamos sustituyendo la gestión por la gesticulación.

Pronto habrá Govern, pero todo el mundo, empezando por los independentistas, necesita convencerse y ser convencido de que la Generalitat sirve para algo, recordar que Prat de la Riba hizo mucho con mucho menos, que la sociedad catalana no ha perdido el temple ni la capacidad de levantar grandes proyectos con pobres herramientas. Si de verdad los partidos independentistas quieren que Catalunya no retroceda, deben salir de su burbuja, mirar el país y acordar una lista de consejeros, de partido o no pero más vale que no todos, capaces de despertar nuevas expectativas en el difícil camino de ayudar a una sociedad que, hoy por hoy, está más tocada que hace pocos años y más herida que esperanzada.