A pie de calle

Más Manolos

No confundamos amabilidad con debilidad. La dureza y el desapego que flotan en el aire como símbolo de eficiencia me parecen un postureo peligroso para nuestra salud mental

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Dos personas se cogen de las manos.

Dos personas se cogen de las manos. / 123RF

Siendo niña ya oí hablar de él. De Cádiz, con porte, criado cerca de la preciosa playa de Bolonia. Mi madre y mis tías tenían su teléfono. Se llamaba Manolo y sabía arreglar lavadoras. Yo no le conocí por esa virtud. Yo le llamé porque me vi superada cuando un ratón se coló en mi piso. Mi padre, mi gran valedor, estaba muy lejos y yo necesitaba a alguien con su perfil. Lo que yo llamo un “todólogo”, que lo mismo pinta el piso, pone un enchufe o monta un mueble. Mi madre, que sintió lo que yo sentía, me dijo llama a Manolo, el de las lavadoras, que es muy aparente. Y le llamé. Por más señas, a mis 40 años, me identifiqué como la “hija chica” de Marcelo y que si podía ayudarme a cazar un ratón. Y me dijo que por supuesto. Sin dudar y sin juzgar. Entendió que yo tenía un miedo irracional a aquel animal y se puso en mi piel. Yo no dormía en mi casa y cada mañana entraba conmigo al piso para ver si había caído en la trampa. Sacaba la nevera, la lavadora... Lo que hiciera falta, y vuelta a poner el cebo otra vez. Al final cayó, y yo también caí rendida a los pies de alguien que, aunque pueda parecer exagerada, me solucionó un problemón y lo hizo como yo necesitaba.

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Porque la empatía es eso, es actuar como el otro espera que lo hagas. Una vez, una persona me dijo que no se puede morir de empatía. Cada uno que haga lo que quiera. Pienso que si tienes esa capacidad de ayudar a los demás por qué no vas a hacerlo si es lo que deseas y crees que la otra persona lo merece. A mí lo que me parece un papelón es esa actitud que hay hoy día individualista de ir a lo tuyo y no tener un segundo para nadie. Hay gente que se ha vuelto tacaña hasta de su voz y ya ni te llama. Te dispara al alma con un mensaje. A veces porque así lo siente y creo que porque también llevamos años viviendo en un ambiente tóxico en que se identifica el ser borde con ser eficaz. No confundamos amabilidad con debilidad. Ser buena persona y ayudar a los demás, como hizo Manolo conmigo, es la actitud a seguir. La dureza, la indiferencia y el desapego que flotan en el aire como símbolo de eficiencia me parecen un postureo peligroso para nuestra salud mental.