La disyuntiva

El PP, entre la espada y la pared de Vox

Lo más tranquilizador para la formación de Pablo Casado sería continuar como hasta ahora, con apoyo externo de Vox

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Rocío Monasterio

Rocío Monasterio

El ambiente de la campaña para las elecciones en Madrid se ha vuelto irrespirable. Con sus provocaciones, la extrema derecha ha conseguido acaparar el protagonismo, colocando a los demás partidos ante la disyuntiva de cómo enfrentarse a Vox, un dilema que está lejos de estar resuelto.

Ante las dudas expresadas por Rocío Monasterio sobre las amenazas recibidas por Pablo Iglesias, el ministro del Interior y la directora de la Guardia Civil, en forma de cartas que contenían balas de Cetme, y la negativa a condenarlas, el líder de Unidas Podemos decidió abandonar el debate que se celebraba en la cadena SER. No es seguro que esa fuera la mejor decisión, porque a la extrema derecha no hay que ignorarla, sino combatirla con palabras que denuncien sus mentiras y sus discursos tóxicos.

Otros participantes en el debate, como Ángel Gabilondo y Mónica García, optaron en principio por la segunda opción, quedarse para enfrentarse verbalmente a Monasterio, aunque luego decidieron también abandonar el debate, que hubo de suspenderse, lo mismo que ha pasado con todos los que estaban programados hasta las elecciones. Pero una cosa es valorar si Iglesias debió quedarse en lugar de abandonar y otra muy distinta la equidistancia que la derecha mediática ha intentado transmitir responsabilizando por igual de la crispación al líder de Podemos y a Vox. 

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El PP, que se ausentó del debate, intenta, antes y después del incidente, eludir a Vox, pero sabe que, si las encuestas aciertan, llegará un día en que tendrá que afrontar la decisión crucial de su relación con la extrema derecha. Si Isabel Díaz Ayuso necesita a Vox para la mayoría y el partido de Santiago Abascal exige su entrada en el Gobierno, Pablo Casado tendrá que optar por entregarse a la estrategia de la presidenta regional o defender la suya de no gobernar con la extrema derecha. Lo más tranquilizador para el PP sería continuar como hasta ahora, con apoyo externo de Vox, pero la perversidad de Abascal puede llevarle a poner al PP entre la espada y la pared.