Violencia machista

Paula, Rocío y la anguila

La novela de la artista valenciana obliga a una revisión de cómo los hombres nos comportamos con las mujeres

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La escritora Paula Bonet en el Espai Abacus, el pasado 21 de abril.

La escritora Paula Bonet en el Espai Abacus, el pasado 21 de abril. / ÁLVARO MONGE

Los prejuicios son catastróficos porque parten de una maraña mental y evacúan un juicio inexacto. Pensamos a menudo de forma binaria para facilitarnos la comprensión del mundo, que es inabarcable: si es levantador de pesas no puede ser bailarín, si es boxeadora no puede ser violinista, si es abogado no puede ser restaurador de muebles, si es pintora no puede ser escritora.

Paula Bonet es pintora y Paula Bonet es novelista, y tal vez ya fuera escritora con los volúmenes ilustrados. 'La anguila' no es libro corriente ni sencillo de clasificar, desconcertante a trozos, conmovedor en otros, desgarrador casi siempre. Resbaladizo, incómodo, viscoso, difícil de capturar como el pez teleósteo que le da nombre. Manejar una anguila recién sacada del agua es jugar con cables eléctricos.

No he leído 'La anguila' en la lengua en la que Paula lo escribió, que es el castellano, y editado por Anagrama, sino en la traducción que Vicent Usó ha hecho para Univers. Y es un acierto porque Paula y Vicent son de Vila-real y él le ha dado esos giros valencianos que enriquecen el contexto. 'La anguila' tiene la luz de una naranja acabada de coger, al mismo tiempo dulzura y acidez y un paisaje y un pensamiento metidos en una fruta.

La parte de la memoria me acerca a mi propia infancia y cuando leo la división entre 'rosarieres' y 'purissimeres', las devotas de la Mare de Déu del Rosari o de la Mare de Déu de la Puríssima, regreso a las calles de cera de un Vila-real húmedo, invernal y solitario.

'La anguila' es un texto sobre la violencia contra las mujeres y cuya protagonista es una Paula que puede ser la Bonet, pero también otras muchas Paulas. Y los acosadores, maltratadores, acometedores y abusadores, a los que no se cita por su nombre auténtico sino por el alias, podríamos ser nosotros. Sí, nosotros: posesivos y dominadores, acomodados en los privilegios de género.

Hay formas sutiles, aunque implacables, de control, basadas en la vejación psicológica, en la que los moratones aparecen en el cerebro

Porque la novela, o lo que sea, obliga a una revisión de cómo los hombres nos comportamos con las mujeres y de qué manera ejercemos sobre ellas la coacción y el intento de sometimiento. Hay formas sutiles, aunque implacables, de control y que son fatigosas de detectar, basadas en la vejación psicológica, en la que los moratones aparecen en el cerebro y son, por tanto, invisibles a la luz pública. Individuos que van laminando la autoestima con pequeños cortes, capa a capa, de forma continua, incesante. 

Hago una cabriola y voy al caso de Rocío Carrasco y Tele 5 porque coincide con la publicación de la obra de Paula Bonet y tienen en común la dictadura de un macho y las nefastas consecuencias para la salud mental de la víctima. Todo lo demás es diferente porque lo de Paula es una obra de arte y lo de Tele 5, una manera de perpetuar el estercolero. Como reacción positiva, el estímulo para que muchas mujeres hayan decidido denunciar su situación; como negativa, que sean los verdugos, esto es, la cadena que durante años ha alimentado al 'ex' de Rocío, los beneficiarios de las desgracias de este ser humano.

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Ella ha cobrado miles de euros, de acuerdo: el comercio de interioridades sirve de sustento a la hija de Rocío Jurado, que fue famosa por nacimiento y ahora refamosa por el calvario en 'prime time'. Estuve, por obligaciones profesionales, en su boda con el guardia civil en la finca Yerbabuena, en el pueblo sevillano de Castilblanco de los Arroyos, en marzo de 1996 y ya entonces hubo exclusiva e intercambio de billetes. Quedarse en lo crematístico es desviar la atención, y olvidar el lucro a lo bestia es renunciar a una información complementaria.

¿Servirán este descalabro para tumbar en el sillón del psiquiatra a los programas rosa, rosa de pincho y sangre? No. Porque son capaces de monetizar incluso esa pregunta, sacando cuartos de las declaraciones del psiquiatra y de la venta del diván.   

¿Qué les hacemos a las mujeres? ¿Cómo nos relacionamos con ellas? ¿En qué momento nos convertimos en unos abusones, primer escalón del camino del abusador?  

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Déjalo, vete, marcha, ya, hoy, ahora mismo.