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Claroscuros europeos en política exterior

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Ursula von der Leyen y Charles Michel, el pasado octubre en Bruselas.

Ursula von der Leyen y Charles Michel, el pasado octubre en Bruselas. / OLIVIER HOSLET (AFP)

La Unión Europea (UE) ha logrado esta semana un remarcable éxito diplomático en Georgia al generar un acuerdo que pone fin a meses crisis y bloqueo político. La mediación diplomática europea entre Irán y Estados Unidos para rescatar el acuerdo nuclear del 2015 saboteado Donald Trump también ha logrando progresos esta semana en Viena. Pero, en la frontera inmediata de la UE, las divergencias internas europeas pueden malograr la oportunidad de reducir la influencia china en Montenegro y la escalada de tensión en Ucrania recuerda a la UE que ha dejado desatendidas las cláusulas políticas de los Acuerdos de Minsk del 2015.

El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, inició la mediación en Georgia durante su visita a Tbilisi el 1 de marzo ante la grave crisis que amenazaba con sumir al país en el caos tras la dimisión del primer ministro, el encarcelamiento del principal líder de la oposición, el boicot de la oposición al Parlamento y la exigencia de elecciones inmediatas.

Después de siete semanas de complejas negociaciones con el Gobierno, la presidencia de Georgia y los partidos de la oposición, Michel y su enviado especial, el diplomático sueco Christian Danielsson, han logrado un acuerdo que posibilita la reanudación de la actividad parlamentaria y la salida de prisión de Nick Melia, líder del principal partido opositor Movimiento Nacional Unido (ENM), y de Giorgi Rurua, propietario de una cadena televisiva opositora.

El acuerdo es frágil, porque no lo han firmado formalmente dos de los partidos de la oposición ––ENM y Georgia Europea–– pero sí un número suficientes de sus diputados. El acuerdo incluye la reforma del sistema judicial, una reforma electoral para reforzar la proporcionalidad y una mayor democratización del funcionamiento interno del Parlamento. Este éxito diplomático permite a Michel mejorar su maltrecha imagen, tras el fiasco de la cumbre UE-Turquía en Ankara del 6 de abril, donde su servicio de protocolo marginó y relegó a segundo rango a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

Escalada de tensión

La mediación europea también resulta crucial en Viena para salvar el acuerdo nuclear iraní, ya que Teherán rechaza hasta ahora mantener un diálogo directo con la delegación norteamericana. Los diplomáticos europeos deben coordinarse primero con las delegaciones de China y Rusia y después intermediar entre las delegaciones de Irán y EEUU. De momento, se han identificado las primeras medidas que debería adoptar Irán y las primeras sanciones que deberían levantar Washington, lo que permitirá continuar las negociaciones.

En los Balcanes, las dificultades financieras de Montenegro por su excesivo endeudamiento con China en la construcción de la autopista que unirá Serbia con la Podgorica y la costa montenegrina ha abierto una posibilidad para la UE de reducir la influencia de Pekín en la región. Montenegro ha pedido ayuda financiera a la UE para hacer frente a los primeros 66 millones de euros amortizaciones del crédito de 800 millones suscrito en el 2014. Pero la Comisión Europea, con su habitual cortoplacismo y falta de visión global, respondió públicamente que no reembolsaba los prestamos contraídos con otro país. Francia, más consciente del reto geopolítico, defiende una solución europea para reducir la dependencia de los países balcánicos respecto a China.

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La escalada de tensión en la enquistada guerra civil ucraniana, con el masivo y ostensible despliegue de fuerzas militares rusas en la frontera, indica a la UE que ha dejado demasiado tiempo desatendida la materialización de las cláusulas políticas de los Acuerdos de Minsk del 2015 indispensables para resolver el conflicto: estatuto especial para las regiones rebeldes del Donbass y elecciones en esos territorios.

La UE y la OTAN deben basar su estrategia en que los europeos no están dispuestos a ir a la guerra con Rusia por Ucrania, un país corrupto hasta la médula y controlado por clanes de oligarcas. Como señala el think tank International Crisis Group, es el momento de retomar unas negociaciones equilibradas en el formato Normandía ––Francia, Alemania, Rusia y Ucrania––, porque la acumulación de sanciones, inflexibilidad y exigencias no resolverá el conflicto. Del mismo modo que la cooperación de Rusia fue indispensable para el acuerdo nuclear iraní, guste o no, sin la cooperación de Moscú y sin que Rusia deje de sentir amenazados sus intereses estratégicos y su seguridad, no se podrá resolver el conflicto ucraniano, ni la crisis política bielorrusa.