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Más banco menos empleos

Reguladores, entidades y sindicatos deben jugar su papel para minimizar la pérdida de empleos en un sector favorecido directa o indirectamente por el dinero público

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Sede corporativa de CaixaBank en Madrid.

Sede corporativa de CaixaBank en Madrid. / EUROPA PRESS / MÁXIMO GARCÍA DE LA PAZ

No deberíamos sorprendernos tanto. Cuando nos hablan de reestructuraciones, de adaptarse a un nuevo contexto.... Ya sabemos de qué nos están hablando, es como para salir corriendo: reducciones de plantilla. Es lo que está sucediendo en la banca, azotada por unos tipos de interés históricamente bajos, que obliga a buscar nuevos negocios que generen comisiones e ingresos; y la digitalización, que reduce las necesidades de oficinas físicas. Se trata de un sector en proceso de transformación, como muchos otros. Desgraciadamente esto se traduce en menos empleo en aras a mejorar la eficiencia de entidades muchos mayores, cuando todo despido tiene una cierta vertiente de fracaso.

Las entidades financieras españolas recortaron 94.016 puestos de trabajo desde el máximo histórico de plantilla que alcanzaron en 2008 como coletazo de la burbuja inmobiliaria hasta el cierre del 2019. Y en lo que llevamos de año se pueden producir casi 19.000 bajas más, encabezadas por los ere de una CaixaBank que engulló a la nacionalizada Bankia; y el BBVA, que lleva tiempo sin fusiones en España, pero que se comió en su día a la antigua Catalunya Caixa.

Las concentraciones crean compañías mucho mayores pero ávidas de rentabilidad. No es de extrañar el enfado público del Gobierno, al que le cuesta digerir esta avalancha de potenciales parados y prejubilados en plena crisis del coronavirus, conocida desde hace días, aunque no en toda su magnitud. Por ello, el Estado que, es accionista de la nueva CaixaBank, ha pedido al Banco de España que controle los salarios y bonus de las cúpulas de estas entidades financieras.Veremos en qué queda todo.

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Pero, al margen de si se pueden o no legalmente limitar los salarios, lo esencial es que cada uno juegue su papel, reguladores, entidades y sindicatos, y que se minimicen las pérdidas de empleo. Otra cosa no se entendería en un sector que, tras la crisis de 2008, directa (con ayudas) o indirectamente (con ventajas al comprar otros bancos), se vio favorecido por el dinero de todos los contribuyentes .