Editorial

El año que espera el turismo

Se espera una recuperación del turismo interior tras el fin del estado de alarma. Pero hay muchos condicionantes para que se cumpla el escenario favorable

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El Periódico

Una playa de Girona, la pasada Semana Santa.

Una playa de Girona, la pasada Semana Santa. / EFE/David Borrat

El turismo es uno de los ejemplos que mejor representan los estragos de la pandemia en la economía. Es el sector más golpeado por las medidas para frenar el covid, que recortaban dos de los pilares sobre los que se sustenta: la movilidad e interacción social de las personas. Y del mismo modo que el turismo es visto como el paradigma del desplome, también podría serlo de la tímida recuperación. De momento, señales que indiquen mejoría hay pocas –más bien lo contrario–, pero algunos empresarios atisban cambios a corto plazo, y ponen incluso una fecha: el 10 de mayo, día posterior al fin del estado de alarma en España. Ni la recuperación vendrá de un día para otro ni podrán ya salvarse los negocios que han cerrado, pero el estado de ánimo también juega un papel importante en decisiones empresariales como la inversión y la contratación, así que la tímida confianza en un verano mejor es un punto a tener en cuenta. El sector se encomienda al turismo nacional ­–Exceltur, el lobi que reúne a las mayores empresas turísticas de España, calcula alcanzar casi el 90% de este segmento de 2019­–, mientras que el turismo extranjero costará más de arrancar. Lo que queda de 2021 debería contrarrestar en parte, calcula Exceltur, el negro primer trimestre. La situación todavía no es buena –no hay que olvidar los cerca de 800.000 trabajadores turísticos afectados, entre ertes y despidos, y las 32.000 empresas que han cerrado–, pero ahora se dan las circunstancias propicias para iniciar una recuperación. La campaña de vacunación está en marcha, la Unión Europea ultima el certificado verde de movilidad (el comúnmente llamado 'pasaporte covid') y las reservas turísticas indican que los ciudadanos no han perdido las ganas de viajar.

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Un escenario favorable no indica, sin embargo, que este se vaya a cumplir. Hay muchas incógnitas y condicionantes. El primero de ellos, la situación sanitaria, que es la que debe marcar el ritmo de desescalada. Pero hay otros factores de los que también depende el turismo (y el conjunto de la economía) y que sí están en la mano de los poderes públicos, como evitar el galimatías de restricciones que imposibilitan una planificación ordenada o los continuos retrasos en el calendario de vacunación, que amenazan el cumplimiento del objetivo de llegar a la inmunidad de grupo este verano. Cumplir ese objetivo es importante en primer lugar por la seguridad sanitaria de los ciudadanos españoles, pero también para atraer el turismo extranjero potenciando la imagen de destino seguro.

Este verano, el turismo se dispone a minimizar daños, pero la recuperación debe incluir también estrategias a largo plazo. Si antes de la irrupción del covid ya se debatía sobre la necesidad de superar el modelo clásico de sol y playa, y prestigiar la oferta para no competir solo en precios bajos, ahora esa vía que algunas empresas y destinos ya emprendieron en los últimos años debería consolidarse. Sorprende, sin embargo, que la modernización del turismo no destaque en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. En ese documento que envió el Gobierno a Bruselas, que detalla a qué se destinarán los fondos europeos (con el coche eléctrico como el gran protagonista), las ayudas específicas al turismo (3.400 millones de euros) ocupan el 14º puesto de los 30 bloques de inversiones y reformas. Un sector tan estratégico como el turismo debería contar con un apoyo explícito más decidido.