LA SUPERLIGA QUE LLEGA

Ellos son los del Mundial en Catar

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Estadio de Doha (Catar).

Estadio de Doha (Catar). / EFE

Superliga, ya, sí. Así, de entrada, podemos decir que es un asunto de ricos, protagonizado solo por los ricos, para ser aún más ricos y/o tapar todas sus deudas. De ahí, sin duda, la broma de Forbestino Pérez.

Podemos decir que es un proyecto de los clubs poderosos para machacar aún más a la clase media del fútbol, los modestos y hasta al fútbol base. Y, por supuesto, algo que va contras las esencias del fútbol, su ética, su tradición, su épica y su complicidad con el pueblo.

Podemos decir todo eso y mucho más. Es más, lo vamos a hacer. Esto, señores, es, simple y llanamente, un pulso que los grandes clubs del fútbol europeo, cierto, no todos, le están echando a la vieja y vividora UEFA, que les arrebata cada año 100 millones de euros por la cara, por ser simple organizadora de la Champions y otras competiciones menores. Un pulso para forzar un cambio de mentalidad, un cambio de modelo de la gestión del ‘deporte rey’ en el nunca mejor llamado Viejo Continente. Eso es todo.

Cambio de modelo

Los clubs han decidido que no necesitan intermediario para organizar la competición más atractiva de todas. Los clubs han decidido que el modelo actual, basado en el invento de las federaciones nacionales e internacionales ideado por Juan Antonio Samaranch en los años 80, ha caducado y ha decidido quitarles el poder. O intentarlo. Están hartos de alimentar la parafernalia y la fiesta de presidentes que, luego, como fue el caso de Miguel Platini (UEFA) y Joseph Blatter (FIFA), se demuestran que solo han vivido del cuento de ser presidentes.

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El primer contrato, que la UEFA ha sido incapaz de conseguir, es de 3.500 millones de euros. Paga JP Morgan. Luego, vendrá Amazon. O Apple. O Google. O Microsoft. O Toyota. O Coca-Cola.

Solo les pido un favor, solo uno: no se crean a aquellos que hablan de un ataque en la línea de flotación de la tradición futbolística: esos han traído el VAR, se han llevado la Supercopa (de España) a Arabia Saudí; han comprado votos para organizar el Mundial en Catar, gran democracia y donde cada día mueren trabajadores en la construcción de los estadios y han pretendido organizar un Girona-Barça de Liga, en Miami.