Pros y contras

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Évole y Bosé, durante la entrevista.

Évole y Bosé, durante la entrevista. / laSexta

Vaya por delante, no estoy en contra de la entrevista de Jordi Évole a Miguel Bosé. Puedo entender las críticas pero, lejos de dar pábulo al negacionismo, sirvió para desnudar la total endeblez del desvarío. Era tal la irracionalidad, que mi atención empezó a desviarse del entrevistado al entrevistador. Desconozco el grado de amistad que une a Évole y Bosé, pero la incomodidad del periodista era evidente. Esas sonrisas un tanto forzadas, ese tomar aire antes de algunas preguntas, como si requiriera un poco de aliento para afrontar la respuesta. La complicidad se tambaleaba a cada minuto.

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El negacionismo, la ultraderecha, el fanatismo religioso… como una larva, las ideologías extremas o los extravíos anidan en las mentes, ¿qué ocurre cuando irrumpen en una persona que amamos o respetamos? Una cosa es el disentimiento, que puede ser interesante, enriquecedor. Otra, ver al amigo perder amarres con la realidad. No es solo él el que se pierde, también se derrumba un mundo de afectos. Cuando la ideología se impone a los rostros, la amistad pierde su sentido. Apenas queda una última posibilidad: convertirse en amarre. Una esperanza de retorno.