EL 'RELATO' INDEPENDENTISTA

TV-3: carta de ajuste

Hay que resintonizar la cadena con las misiones de servicio público, analizar la viabilidad económica del modelo y adaptarlo al nuevo entorno audiovisual

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Carles Puigdemont entrevistado en Els matins de TV3.

Carles Puigdemont entrevistado en Els matins de TV3.

Dediqué cuatro años de mi vida profesional a analizar el pluralismo en los medios de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA), es decir, el servicio público de competencia de la Generalitat. Desde entonces me impuse un deber de reserva. Mi diagnóstico actual: en la última década, con la hoja de ruta del ‘procés’ como referencia, los partidos han ido pasando pantallas, pero ha habido una pantalla fija –TV-3– que ha sido un instrumento mediático clave para desplegar el ‘relato’ independentista. 

Estamos ante una corriente de fondo que se ha ido fortaleciendo durante sus casi 38 años de historia, pero que ha acabado por desbordar los cauces de las misiones de servicio público. En efecto, desde sus inicios, TV-3 fue forjando una cosmovisión y un universo simbólico que han ido colonizando transversalmente toda la programación, desde el mapa del tiempo hasta los deportes pasando por la ficción, y que impregna su lenguaje. Una televisión pública –y esta afirmación vale para TVE– debe utilizar un gran angular para proyectar la pluralidad de la ciudadanía a la que sirve.

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Mucho antes de que se iniciara formalmente el ‘procés’, como responsable de pluralismo del Consell Audiovisual de Catalunya (2006-2010), había alertado del sesgo nacionalista de la televisión pública catalana en conversación franca con sus responsables, notables profesionales del oficio. Insistía en una idea: no se trata de reducir, ni menos aún de proscribir, la cosmovisión nacionalista, sino de sumar otras visiones y ampliar horizontes. El resultado es paradójico: TV-3 es el medio autorreferencial del espacio nacionalista, pero su universo simbólico no se corresponde con la mayoría social catalana, más plural, compleja y poliédrica; fideliza su audiencia, pero no penetra en la ajena.

Pondré un par de ejemplos, en el terreno del análisis cuantitativo y cualitativo, de mi etapa en el CAC. El primero se recoge en el Informe 9/2009 sobre el tiempo de noticia de las informaciones de TV-3 referentes a la celebración de la consulta independentista de Arenys de Munt (13 de septiembre del 2009). La duración de este ítem en el mes de septiembre de aquel año fue de 1h 9’ 46"; más que las informaciones sobre la Diada (33’ 03’’) y el debate de política general del Parlament (28’ 44’’). La experiencia piloto de la consulta de Arenys de Munt encontró en TV3 su caja de resonancia.

El segundo caso se aborda en el Informe 90/2007 sobre el documental 'Terra Lliure, punt final', emitido el 14 de abril de aquel año. El CAC hizo cuatro consideraciones: “1. El relato en 'off' es uno intrarrelato, es decir, utiliza el mismo lenguaje que los actores y los testigos. Habla de acciones armadas y no de atentados, de activistas y no de terroristas (...). 2. La mayoría de testigos políticos pertenecen al mismo sector ideológico. Hay una carencia de pluralidad de visiones y opiniones. 3. No hay una representación adecuada de las víctimas. 4. Las fuentes de información son insuficientes y sesgadas (...)”. El documental fue dirigido por David Bassa, actual jefe de Informativos de TV3.

Desde entonces, a medida que avanzaba el ‘procés’, TV-3 se ha ido alejando de las misiones de servicio público que fija la Llei de comunicació audiovisual de Catalunya, en particular, las “misiones específicas” del artículo 26.3. Recordaré una de ellas: “La promoción activa de la convivencia cívica, el desarrollo plural y democrático de la sociedad, el conocimiento y el respeto a las diversas opciones y manifestaciones políticas, sociales, lingüísticas, culturales y religiosas presentes en el territorio de Catalunya. (…) Es necesario el uso de todos los lenguajes, formatos y discursos que dentro del respeto y la atención a la diversidad y el pluralismo, permitan el diálogo, la comprensión y la cohesión entre las diversas opciones y las diversas áreas del territorio de Catalunya”.

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Desde esta óptica, es evidente que las emisiones de TV3 han traspasado la línea roja. Es la hora de poner la carta de ajuste para, en una primera etapa, resintonizar la cadena con las misiones específicas de servicio público de la que es deudora. Y, en una segunda fase, analizar la viabilidad económica del actual modelo y definir una estrategia para adaptarlo a los nuevos servicios y aplicaciones del entorno audiovisual del siglo XXI.