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No necesitamos una reforma laboral (solo), necesitamos reformas del mercado de trabajo

Unas reformas del mercado de carácter integral nos podrían situar en la posición de arrancar con empuje la recuperación económica

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Un camarero recoge una mesa de una terraza de un restaurante del barrio de la Barceloneta. 

Un camarero recoge una mesa de una terraza de un restaurante del barrio de la Barceloneta.  / Efe / Quique Garcia

Se ha planteado nuevamente, por parte del Gobierno del Estado, el inicio de las conversaciones de concertación y diálogo social para abordar una reforma laboral, o, en términos ya más eufemísticos, el ajuste de los aspectos más lesivos de la reforma laboral de 2012.

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Todo apunta a que se pondrán sobre la mesa los elementos esenciales con los que se visualiza la confrontación de intereses en el marco de las relaciones laborales: indemnización, causalidad del despido individual y colectivo, inaplicación del convenio colectivo… Todo indica que volveremos al cuento de la canción enfadosa.

Es sabido, diagnosticado y evaluado por parte de diferentes agentes y organismos nacionales e internacionales que el mercado de trabajo español sufre diversas patologías crónicas, algunas de las cuales pueden haberse acentuado en los últimos 10 años. Se "pueden" haber acentuado, porque habrá que ver el escenario poscovid que nos encontraremos, dado el goteo en la pérdida de tejido productivo y de puestos de trabajo.

Informes internacionales

Patologías que van desde problemas en la definición de las modalidades de contratación temporal, en especial las de formación y prácticas, con un desuso vergonzante, a la de la causalidad de las situaciones de crisis empresarial y su tratamiento, pero también, y no menos importantes, las vinculadas a las políticas de empleo, tanto las activas como las pasivas, donde se detectan problemas suficientemente relevantes para no pasarlos por alto. De hecho, la UE lo predica hace muchos años. Informes internos e internacionales lo describen, y prescriben la necesidad urgente de abordar reformas en plural.

Y es por ello que el punto de partida con el que se plantea abordar la "reforma de la reforma" no es el idóneo para alcanzar un resultado positivo. No se puede afrontar una reforma laboral de la regulación de una parte sin hacerla confluir con el resto de reformas imprescindibles que no pueden esperar. No es óptimo afrontar cómo se tratarán las situaciones de crisis empresarial, las indemnizaciones o la estabilidad en el empleo si paralelamente no afrontamos como serán las políticas activas, el empoderamiento de las personas en el mercado de trabajo, la formación y cualificación profesional adaptada al tejido productivo, las prestaciones y subsidios de desempleo para las personas mientras no vuelven a la actividad. O sin resolver la variable de la flexibilidad territorial de la estructura de negociación colectiva para acercar las necesidades de las relaciones laborales a la realidad socioeconómica de los territorios donde se negocian.

Reactivación total

Afrontar una reforma laboral de manera parcial la polariza y la debilita. Unas reformas del mercado de carácter integral nos podrían situar en la posición de arrancar con empuje la recuperación económica que se impulse con la reactivación total de la actividad. Si compartimos que el trabajo de calidad es la mejor política social, deberíamos pensar en positivo, y en vez de pensar en cómo anclamos las personas a un puesto de trabajo, profundizar en cómo las empoderamos en un mercado de trabajo cada vez más complejo, llenando con garantías su derecho subjetivo a la empleabilidad.

La ‘flexiseguridad’ volverá a estar presente en los debates a escala global y lo deberá estar también aquí. Los cambios serán muy rápidos en todas partes, fruto del contexto y de los cambios en la economía y el mundo del trabajo. Las sociedades demandan seguridad para las personas trabajadoras y las economías necesitan flexibilidad de adaptación de las empresas. Habrá que ponderar los equilibrios entre una cosa y la otra, porque el progreso debe ser tanto flexible como seguro.

Principio de equidad

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No se puede menospreciar, en esta variable, que las reformas deben partir de la aplicación del principio de equidad con la actividad empresarial, con unas normas sensibles a la dimensión de la empresa, ya que su consistencia en la aplicación varía según su dimensión. Asimismo, si las aplicamos con inteligencia, favorecemos su crecimiento para fortalecerlas más.

Esta es una de esas reformas estructurales que urge que sean adoptadas en la regulación laboral, porque es evidente que las pymes, en los marcos de concertación estatales, que es donde se defenderán las posturas de unos y otros, no tienen la palabra libre, por ahora.