UNA FINAL DEMASIADO FÁCIL

El amor de Frenkie por Mikky

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Los barcelonistas celebran su último gran triunfo.

Los barcelonistas celebran su último gran triunfo. / REUTERS

Fue lo que fue. Fue lo que suele ser el fútbol cuando es justo. Desde el minuto uno, desde el poste de Frenkie De Jong hasta el quinto gol, obra de Antoine Griezmann, anulado, solo existió un equipo, un finalista, un candidato, un aspirante, un aspirante, uno que quería ganar, un favorito y un ganador sobre el césped: el Barça. Por fin, lo que en baloncesto hubiese sido 123-62, en balonmano un claro 34-14, en waterpolo un 12-3, en tenis un 6-1, 6-2 6-3 y en voleibol 25-12, 25-16 y 25-11, fue un contundente y claro 0-4.

Todos los goles, todos, fueron obras maestras de ese Barça que ha resucitado Ronald Koeman que, como ya le ocurriera en su etapa en el Valencia, conquista otra Copa del Rey y, en este caso, en el caso del Barça, espera poder construir, de la mano de Joan Laporta, todo un modélico presidente en el palco, impecable, imperturbable, discreto, señor, nada forofo, y con la asesoría de Mateu Alemany, un nuevo equipo, capaz de conseguir conquistas mayores pues, sabido es que para el Barça esta Copa (una Copa más) sabe a poco.

La trompeta de Villalibre

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Eso sí, es evidente que esta conquista, que no se le podía escapar al Barça y, sin embargo, se le ha escapado dos veces seguidas en 15 días al Athletic y a Marcelino García, que veremos que es de él (anoche sumó siete partidos seguidos sin ganar e, insisto, dos finales perdidas cuando la gabarra estaba recién pintada y Villalibre igual se había bajado ya la trompeta del autobús), es gasolina de 1.200 octanos en el depósito culé para las últimas jornadas de Liga, en las que espera que alguien le eche un galgo al Real Madrid y ellos se encarguen de sentenciar, en el Camp Nou, ante el Atlético.

Sé que muchos volverá a hablar de Messi. No seré yo. Y hasta de Griezmann, tampoco seré yo. O de Alba. O del Piqué resucitado. Pero, lo siento (o no), el hombre del partido fue De Jong, que le dedicó todo lo que hizo (poste, asistencia de gol a Griezmann, gol de cabeza y asistencia de gol a Messi) a su chica, Mikky Kiemeney, que ayer cumplía 23 años y le pidió en las redes “un gol, en mi cumpleaños, sería lindo”. Pues ahí tienes la Copa, Mikky, toda tuya.

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