Feminismo

Miradas que erradican

Debemos echar a los hombres irascibles y paternalistas del fondo de nuestras mentes para así combatir el síndrome de la impostora

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Mural feminista en la antigua carcel Modelo de Barcelona.

Mural feminista en la antigua carcel Modelo de Barcelona. / Ferran Nadeu

Olivia Sudjic, en su breve ensayo ‘Expuesta’ (Alpha Decay, 2019), dice que el hecho de ser blanca la ha librado de un montón de dudas y obstáculos, pero luego añade que "aún parece que hay un comité de hombres irascibles y paternalistas que se reúnen en el fondo de mi mente cada vez que abro un documento de word para cuestionarme qué puedo tener que decir que trascienda mi propia experiencia, por limitada y privilegiada que sea". Me la creo porque pienso lo mismo que ella y porque muchas veces, cuando cojo novelas, ensayos, artículos, etcétera, escritos por mujeres, pienso: ¿cuánta ansiedad debe haber detrás de este texto? Ya, ya lo sé, no todas las mujeres tienen ansiedad ni todas las mujeres padecen el síndrome de la impostora, pero es que es lo que me pasa a mí y a la mayoría de mis amigas. Sí, aquellas amigas de quien os hablaba el otro día, con todo su empoderamiento, energía y sabiduría, algunas veces, me dicen: "No lo sabré hacer", "esto que he hecho es mediocre", "no lo quiero ni compartir", y yo me subo por las paredes porque no me lo puedo creer y les imploro que se miren con mis ojos. Después pienso que yo también les digo esas frases y que ellas me imploran lo mismo, entonces, ¿qué nos pasa? ¿En qué especie de bucle infinito estamos instaladas?

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Quizá el bucle es la validación masculina, aquella que incluye dar más peso, validez o importancia a la admiración, crítica o consejo de nuestros compañeros que de nuestras compañeras. No es consciente, son aquellos hombres irascibles y paternalistas del fondo de la mente que decía Sudjic y que se aferran que no veas. Quiero decir que echarlos de todas nuestras mentes es una tarea complicada y pesada, pero si entre todas nos creemos y validamos de verdad cuando nos damos importancia, nos felicitamos o nos cedemos espacios, los iremos desterrando. Entre tanto frenesí y velocidad, enfocar mejor para captar las buenas miradas y los buenos ojos es generar el antídoto contra los síndromes patriarcales que nos acechan para, como siempre, erradicarlos juntas.

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