Con la lectura

Un hotel Cadogan para superar la pandemia

La lectura es una fuente de sensaciones que nos devuelven la humanidad como la teníamos entendida y ahora olvidamos en una niebla mental

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Mujer en librería 

Mujer en librería  / Radu Marcusu/ Unsplash

Londres recupera su pulso poco a poco tras las duras restricciones que han afrontado en su lucha particular con el coronavirus. Pubs y tiendas han reabierto esta semana tras tres meses de cierrh, pero el shock sufrido aún tiene contra las cuerdas a muchos de sus negocios, sobre todo los relacionados con el turismo y los viajes. Al igual que en Barcelona, siguen con sus puertas cerradas muchos hoteles, entre ellos el mítico Hotel Cadogan, un 5 estrellas situado en knightsbridge y que pertenece a la rica familia Cadogan desde 1887. Que Oscar Wilde lo hiciera famoso tras atrincherarse en una de sus habitaciones para no ser detenido por su conducta homosexual, un delito total en aquellos tiempos, dio al exclusivo establecimiento una fama que aún perdura. Esa conexión con la literatura empapa sus ambientes, y dotado de una cuidada biblioteca, el hotel boutique ha presumido hasta ahora de garantizar una experiencia inolvidable. ¿Quién lo habitará, en estos días de cierre a cal y canto? Apenas llevaba reabierto unos meses, después de unas obras de mejora y ampliación de las instalaciones, cuando se desató la pandemia. Su exquisita biblioteca con aroma victoriano debe acumular polvo y soledad.

Los hoteles y la literatura o los libros han trazado grandes alianzas a prueba de catástrofes. La minúscula librería del hotel Casa Bonay, en la Gran Via, cerró también puertas en la pandemia y Blackie Books la mantiene aún cerrada, si no hace una excepción por Sant Jordi. Y aunque por estos lares no hay grandes bibliotecas en los hoteles, han sido escenario ideal para encuentros de periodistas con escritores, presentaciones de libros e incluso fiestas. ¿Alguien recuerda las fiestas? 

Una biblioteca donde dormir

Para simbiosis a prueba de virus, la de la Gladstone Library, cerca de Chester, en el Reino Unido. Biblioteca bucada en un edificio victoriano desde 1895, rodeada de jardines y un cementerio, con centenares de miles de volúmenes y servicio de préstamo al uso, los administradores habilitaron parte de sus aposentos como dormitorios y también abrieron un restaurante para dar servicio a los huéspedes. La pandemia también obligó a la Gladstone Library a cerrar puertas, pero gracias a una colecta -los amigos de la biblioteca-hotel pueden donar dinero a través de la iniciativa shelf covid recovery, una especie de "adopta una estantería", están en condiciones de reabrir el 1 de septiembre. Con cierto humor puramente británico, su guarda, Peter Francis, se felicitaba por aprovechar este largo cierre para hacer obras menores y, entre ellas, arreglar un desnivel en la recepción que había causado más de un tropiezo y también por actualizar su alarma de incendios, que estaba muy desfasada, lo que es de agradecer en un gran edificio de madera que cruje bajo los pasos.

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