Ayuda a un sector en apuros

Renta básica universal para jóvenes

Urge evitar la fractura generacional. Se merecen que la sociedad les ofrezca una oportunidad, y seguro que nos lo devolverán con creces

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’Todo mal’, la queja de tres jóvenes desde su balcón del Eixample, en Barcelona, durante la pandemia.

’Todo mal’, la queja de tres jóvenes desde su balcón del Eixample, en Barcelona, durante la pandemia. / JORDI COTRINA

En nuestro país la esperanza de vida se duplicó a lo largo del siglo XX, superando la media de los 80 años. Para los que gozan de buena salud y no han tenido el infortunio de las enfermedades letales o de los accidentes, los 90 años no son una quimera. Catalunya tiene 2.000 personas centenarias, una de las proporciones más altas del mundo. Eso sí, en este caso es mejor ser mujer ya que duplican la esperanza de vida, respecto a los hombres, entre los 80 y los 94 años y la cuadruplican a partir de los 95 años

Esto no siempre ha sido así y, mucho menos, para las mujeres en la mayoría de las sociedades patriarcales y con una agricultura de subsistencia. Shoehei Imamura nos los mostró sin tapujos en su película 'La balada del Narayama' (1983). Las ancianas eran abandonadas por sus hijos en las heladas cumbres de la montaña para dejar paso a sus nietos. Hoy, en plena pandemia del covid-19 observamos con naturalidad cómo las ansiadas y escasas vacunas han empezado por inyectarse en las residencias de mayores y a personas de edad avanzada. Una solidaridad intergeneracional, por parte de los más jóvenes y personas productivas, que merece la pena subrayar.

Hace demasiado tiempo que la sociedad y, por consiguiente, los poderes públicos han invisibilizado a los jóvenes mediante estereotipos y tópicos reduccionistas y contradictorios. A pesar del 40% de paro juvenil, de un mercado laboral precarizado y empobrecido, de una exclusión social evidente y palmaria, de una tardía y difícil emancipación familiar, del resurgimiento de los pisos repletos de realquilados… A pesar de los pesares, los problemas de los jóvenes han desaparecido en la conversación pública y en el debate político general. Sería prudente no olvidar que sin jóvenes, para la mayoría, no hay pensiones

A pesar del 40% de paro juvenil y de una exclusión social evidente y palmaria, sus problemas han desaparecido en la conversación pública y en el debate político general 

La vindicación de los jóvenes de la Transición fue la reivindicación de la mayoría de edad y el derecho de voto a los 18 años. Un reconocimiento civil y político necesario para construir nuestros proyectos de vida y de participación democrática. No fue nada fácil. Dos millones y medio de jóvenes de 18 a 21 años fuimos excluidos de las primeras elecciones generales, no democráticas, del 15 de junio de 1977. No obstante conseguimos que la Constitución contemplara en su artículo 12 la mayoría de edad a los 18 años. Un hito histórico, incluso comparado con la situación de otros jóvenes europeos. Todavía hoy en Italia los candidatos al senado han de tener más de 40 años y los electores más de 25 años. Quizás la aprobación de la participación electoral a partir de los 16 años conseguiría una mayor atención de los poderes públicos. 

El problema principal de los jóvenes hoy no son los derechos civiles y políticos, sino los laborales y económicos, que les permitan emprender un proyecto de vida emancipador. Es necesaria una mayor formación, por supuesto, reducir las tasas universitarias, incrementar las becas y las ayudas al programa Erasmus, que tendría que extenderse a otros colectivos estudiantiles y juveniles. Pero con mayor formación no es suficiente, como saben muy bien muchos de los jóvenes sin trabajo o precarizados en un mercado laboral donde la faena es escasa y, mucho más, los puestos de trabajo dignos. El alquiler de una vivienda hoy representa el 90% de los ingresos de los menores de 30 años

Merece la pena plantearse la propuesta sugerente de Thomas Pikety sobre la renta básica universal para jóvenes financiada a partir del impuesto de sucesiones, es decir, de la redistribución de una parte de las herencias de unos pocos al conjunto de los jóvenes. El giro fiscal de la Administración Biden es un buen estímulo para plantearla incluso en el ámbito de la Unión Europea. 

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Una renta incondicional y de pago único al alcanzar una determinada edad. Por ejemplo, 50.000 euros a los 25 años. Un estímulo para ampliar la formación (acceso a posgrados y másteres), financiar una investigación, invertir en cualquier tipo de actividad profesional, montar una empresa particular o cooperativa, colaborar con una oenegé, pagar la entrada de un piso, dar la vuelta al mundo…. Urge evitar la fractura generacional. Se merecen que la sociedad les ofrezca una oportunidad. Estoy convencido de que nos lo devolverán con creces.