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Vista del recinto ferial internacional de Galicia durante las oposiciones al Sergas

Vista del recinto ferial internacional de Galicia durante las oposiciones al Sergas / EFE (EFE)

Un fallo de organización en la UB impidió que, al menos, una veintena de opositores se examinara del MIR (prueba de evaluación para acceder a la formación de especialistas médicos en España) y de otros exámenes de sanidad especializada. Mientras el Colegio de Médicos reclama a Sanidad una “solución inmediata”, el ministerio ve imposible convocar un examen extraordinario ya que “la elaboración de las pruebas conlleva más de seis meses de trabajo” y supondría un retraso en la adjudicación de plazas. En medio, la desesperación de unos jóvenes que llevan meses de preparación durísima (después de años de esfuerzo) y ven ahora su futuro en vilo. 

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El problema no es sencillo de resolver, pero la solución no puede ser el abandono de los opositores. Parece imprescindible una solución de consenso y, ya puestos, abordar un debate en profundidad sobre el examen MIR y su capacidad de mejora. Mientras que su punto fuerte es la transparencia y la equidad, su debilidad es el peso memorístico de la prueba y lo que ello conlleva. Desde una orientación determinada de la enseñanza universitaria hasta el negocio de las academias de preparación al examen.