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Vacunas al alcance de todos

Con la pandemia hemos aprendido que la forma más efectiva de luchar frente a ella es globalizando la respuesta

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Una mujer espera su turno para recibir la segunda dosis de la vacuna Pfizer contra la covid-19 en la escuela republica de Colombia en San Miguelito (Panamá).

Una mujer espera su turno para recibir la segunda dosis de la vacuna Pfizer contra la covid-19 en la escuela republica de Colombia en San Miguelito (Panamá). / EFE / Bienvenido Velasco

Si algo nos ha enseñado el covid-19 es su carácter global. Ha impactado a todos, sin excepciones, a una velocidad y escala nunca antes vista. Y ha dejado un rastro que coleteará durante tiempo en forma de crisis sanitaria, social, económica y educativa. Pero de la pandemia también hemos aprendido que la forma más efectiva de luchar frente a ella es globalizando la respuesta y esto significa tratamientos y vacunas para todos, independientemente de sus recursos económicos. 

Esta es precisamente la máxima del Mecanismo de Acceso Mundial a las Vacunas Covid-19, conocido como Mecanismo COVAX. Una operación logística y sanitaria sin precedentes en la que están implicadas 171 economías mundiales, liderada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Alianza Mundial para las Vacunas (Gavi), con Unicef como aliado clave, y que impulsa una distribución de la vacuna de forma equitativa, rápida y solidaria evitando que sea acaparada por los países ricos. 

COVAX es también una revolucionaria colaboración mundial. Para ponerlo en marcha ha sido necesario que gobiernos, científicos, organizaciones sanitarias y de la sociedad civil, entre otros, unieran esfuerzos y se pusieran manos a la obra para acelerar el desarrollo, la producción y el acceso a pruebas, tratamientos y vacunas contra el covid-19. Todo un desafío que ya nos ha ofrecido las primeras dosis de éxito. 

El 24 de febrero Ghana se convertía en el receptor histórico del primer envío de vacunas a través del mecanismo COVAX. Posteriormente a la lista se añadieron Costa de Marfil, República Democrática del Congo, Angola, Nigeria y se espera que antes de acabar el año, hasta 92 países de ingresos bajos, medio-bajos y en contextos humanitarios hayan sido receptores de la vacuna. 

El objetivo final: inmunizar un planeta entero. Un reto que puede ser difícil de digerir, a fecha de hoy, pero no es ni mucho menos imposible. Lo sabemos a ciencia cierta porque las vacunas, aunque son pequeñas en dimensiones espaciales, son inmensas en eficacia. Se han convertido en la herramienta más efectiva y segura para prevenir enfermedades mortales, especialmente para la infancia en situación de mayor vulnerabilidad. 

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Las vacunas salvan cada año cerca de tres millones de vidas de niños y niñas, esto son cinco cada minuto. Por contra, aun sabiéndolo, sigue habiendo infancia sin vacunar, lo que significa que se producirán millones de muertes que se podrían evitar. 

Así pues, el brote de coronavirus nos ha recordado la vulnerabilidad del mundo entero ante una amenaza de salud pública pero también nos ha demostrado el privilegio de contar con una inmunización como escudo protector. Un escudo que se debe propagar y estar preparados para defenderlo. Y en Unicef lo estamos, con nuestros 75 años de historia y experiencia y siendo el mayor proveedor de vacunas del mundo. Esto nos avala y nos sitúa dentro de una alianza histórica que contribuye al titánico esfuerzo mundial de acabar con la pandemia. Una carrera a contra reloj de la que nadie estará a salvo hasta que todos, absolutamente todos, estemos a salvo.