La hoguera

El #MeToo de Pablo Iglesias

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El candidato de Podemos a la presidencia de la Comunidad de Madrid Pablo Iglesias, durante una reunión con colectivos de educación y sanidad en Parla.

El candidato de Podemos a la presidencia de la Comunidad de Madrid Pablo Iglesias, durante una reunión con colectivos de educación y sanidad en Parla. / EFE

Una mujer llamada Fernanda hace un hilo en Twitter. Cuenta que, cuando era estudiante de Políticas, ocurrió que Iglesias y Monedero -este profesor suyo- se le pusieron plastas en un bar. Aunque Fernanda le da al relato el dramatismo traumatizado que requieren este tipo de confesiones virales, añade después que ella no se considera víctima, y que lo que denuncia es precisamente eso: que un hilo como el suyo baste para arruinar una vida.

Es un misil a la línea de flotación de la cultura del "yo sí te creo" enviado contra dos de sus promotores. La historia de Fernanda puede o no ser cierta, pero implica a quienes nos dicen que hemos de creer siempre estas cosas sin rechistar. Como si la presunción de inocencia fuera problemática. ¡El marido de la ministra de Igualdad implicado en un caso que se suele equiparar con una agresión! ¡Molestar a una joven en un bar!

Bien. Lo que hace Iglesias es bloquear de inmediato en Twitter a Fernanda. Y horas después aparece la horda de sirvientes digitales: cuentas con muchos seguidores, que en otras ocasiones no han dudado de lapidar a otros acusados, y ahora defienden al líder porque la tal Fernanda es la pareja del 'youtuber' Un Tío Blanco Hetero. ¡Resulta que ahora el cargo del marido es determinante para valorar lo que dice una señora!

Es todo muy interesante. Más que interesante. Recordemos, porque tenemos memoria, que a Pablo Soto lo echaron por un relato similar, y que al abogado Calvente se lo cargaron también con una acusación igualita. Soto, que va en silla de ruedas, había hecho sentir incómoda a una compañera de partido con comentarios semejantes a los que recibió Fernanda. En aquellos episodios nadie dudó, nadie fue complaciente. ¿Qué pasa ahora?

La letra pequeña

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Ahora pasa que el pecado cambia según el pecador. Los mismos que dicen que a la mujer hay que creerla siempre nos traen la letra pequeña. Los que han difuminado la frontera entre la molestia y la agresión nos traen los matices. Los que dicen que Montero no está ahí por Iglesias nos dicen que Fernanda acusa por ser novia de un 'youtuber'. ¡Muy interesante!

Bien: ante los hechos narrados por Fernanda, defiendo a Pablo Iglesias. Su presunción de inocencia es sagrada, y aunque todo fuera cierto, la cosa no es equiparable a una agresión sexual. Esta es mi opinión sobre el caso. Y es divertido -¡muy divertido!- saber que los mismos que en otras ocasiones me han lapidado por decir cosas semejantes, ahora me entenderán muy bien. Así que gracias, Fernanda, por haber delatado el traje del emperador.