Contra la recesión y el paro

Tiempos de experimentación de políticas

La administración Biden ha aprobado un programa de recuperación con medidas muy innovadoras que implican cantidades que se cuentan por billones de dólares

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Instalaciones de la fábrica Alstom en Santa Perpètua de la Mogoda.

Instalaciones de la fábrica Alstom en Santa Perpètua de la Mogoda.

La recuperación económica pospandémica europea avanza, pero a paso de tortuga. Al contrario que la norteamericana, que ha pisado el acelerador. Las últimas previsiones de invierno del Fondo Monetario Internacional (FMI), publicadas por este diario el miércoles pasado, dibujan un panorama muy desigual. La economía del euro crecerá en 2021 un 4,4%, mientras que la norteamericana ha puesto la sexta marcha: crecerá un 6,4%. Es el mayor crecimiento desde la etapa de Ronald Reagan, allá por los años 80 del siglo pasado.

En las previsiones del FMI España será la economía de la zona euro con un crecimiento estimado mayor, del 6,4 % respecto a 2020. No está mal. Pero, sin pretender aguarlo, este mayor crecimiento porcentual tiene que ponerse en relación con el hecho de que fue la economía que experimentó una mayor caída en 2020. Pero además de encabezar la recuperación, España también encabeza el 'ranking' del paro en la UE.

Estas dos realidades me sugieren dos preguntas. ¿Cuál es la razón de este diferente comportamiento entre las dos grandes economías occidentales? ¿Podemos esperar que esta mayor tasa de crecimiento de la economía española acabe por si sola sacándonos de la cabeza del 'ranking' europeo del paro? Como ahora explicaré las respuestas a estas dos cuestiones tienen algo en común: la capacidad de los gobiernos para experimentar con nuevas políticas económicas para luchar contra la recesión y el paro.

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El mayor ritmo de recuperación de la economía estadounidense en relación con la del euro tiene dos causas. Una es el avance más rápido en la vacunación contra la covid-19 en Estados Unidos. La otra son los fortísimos programas para ayudar a la recuperación y la creación de empleo que ha emprendido la nueva administración de Joe Biden frente al limitado activismo europeo.

En un artículo anterior expliqué que Estados Unidos ha podido avanzar más rápido en la vacunación porque experimentó con nuevas políticas de investigación en vacunas, arriesgando cientos de millones de dólares para avanzar rápidamente, aun a riesgo de fracasar. Además se hizo cargo de las demandas que por razones de reacción contra la vacunas pudieran presentarse contra las farmacéuticas que las producen. Por último el gobierno estadounidense se implicó en la fabricación industrial de las vacunas, llegando a utilizar la Ley de Defensa Nacional para obligar a las empresas de componentes a priorizar las demandas de componentes industriales de las farmacéuticas frente a la de sus propios clientes privados.

Nada de esto se hizo en Europa. Las autoridades comunitarias centralizaron la compra de vacunas, pero se comportaron como clientes que van a negociar precios a la baja con los fabricantes, pero sin implicarse a fondo en la financiación de la investigación, en la cobertura de riesgos sanitarios ni en el proceso industrial de fabricación de las vacunas.

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Algo similar ocurre con las políticas de recuperación económica y de empleo. La administración de Joe Biden ha aprobado un programa de recuperación con medidas muy innovadoras que implican cantidades que se cuentan por billones de dólares. A la vez, el gobierno Biden no espera que la recuperación por sí sola logre el pleno empleo. Por eso ha lanzado un segundo programa espectacular de inversión por un importe de otros dos billones de dólares para crear empleo a través de la modernización de las infraestructuras y la transición verde. Comparados con esas cantidades, los 750.000 millones del programa 'Next Generatión UE', siendo importantes, son liliputienses.

¿Por qué la UE no tiene la misma capacidad de experimentación de políticas? La explicación es simple: la UE no tiene un gobierno equivalente al de los Estados Unidos. Este es un hecho objetivo. Un dato con el que hay que contar pero que no ha de deprimirnos. Aun así, algo podemos aprender de Estados Unidos. En los años 30, en medio de la Gran Depresión, John Maynard Keynes afirmó que el “laboratorio del mundo” eran las políticas que estaba experimentando el Gobierno de Franklin Delano Roosevelt. Hoy, de nuevo, el laboratorio del mundo es Estados Unidos. En otra ocasión hablaremos de estas enseñanzas.