Iniciativa en el África negra

Libros, etnias y fetiches en Benín

El profesor Assou quiere crear un centro sociocultural, punto de encuentro de estudiantes de español, en un país donde conviven más de 50 lenguas autóctonas

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Sílvia Cóppulo. con el profesor Assou, en su visita a Benín.

Sílvia Cóppulo. con el profesor Assou, en su visita a Benín.

La vida se desborda, fértil, en el mercado de Azové, al sur de Benín, África. El profesor Cosme Segla Assou nos abre paso entre la multitud bulliciosa. Mujeres que caminan erguidas, llevando grandes cestos en su cabeza y sus bebés colgados en la espalda; niños que revolotean en grupo, alegres, y hombres ataviados con vistosos bombas se entrecruzan con paneras repletas de legumbres, raíces, frutas tropicales, pescado frito, telas preciosas y fetiches. 

“Tú me traes un libro y yo te enseño mi país” recoge el espíritu del proyecto del profesor. Así que, de vuelta a su casa, le obsequiaremos con una maleta repleta de libros, que engrosarán una incipiente biblioteca pública en español, dispuesta en una habitación propia, cuidada con esmero. Las gallinas, afuera, picotean el suelo, ajenas a la feliz escena. 

Assou quiere crear un centro sociocultural, punto de encuentro de estudiantes de español, en un país donde conviven más de 50 lenguas autóctonas, como el fon -mayoritario-, y el francés, oficial. 

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Hijo de humildes agricultores, el profesor se enamoró de la lengua castellana escuchando ritmos latinos y viendo culebrones venezolanos en televisión, hasta licenciarse en filología hispánica en la Universidad de Abomey. Ahora intercambia novelas y diccionarios por visitas guiadas a Ganvié, la Venecia africana en el lago Nokué, o Porto Novo, la capital, fusión de la cultura yoruba con la herencia portuguesa y las colonias inglesas y francesas. Ola ciudad portuaria de Cotonou, el centro neurálgico del país, que acoge el gran mercado de Danktopa. Las cuarenta y una colinas sagradas, palacios reales, el vergonzante camino de los esclavos, la vida nómada de los fulani, o los holis-antiguos antropófagos, reconocidos por sus escarificaciones faciales- nos esperan. Bailaremos una danza espontánea con las mujeres en su camino para ir a lavar al río, y ellos nos invitarán a los yovo (los blancos) a un ritual de purificación. 

En tiempos de covid reconforta compartir proyectos como el de Assou (seglasco1@yahoo.fr) en el África negra, que emanan desde la pura vitalidad.