APUNTE

A menos de un palmo

El gol de Dembélé premia su regularidad de este año, justo en el que conviene hablar de su renovación. Cosas del fútbol

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Ilaix felicita a Dembélé por su gol.

Ilaix felicita a Dembélé por su gol. / Jordi Cotrina

El Barça jugó sabedor de que el Atlético ha entregado las armas, que solo es cuestión de mantener el trote hasta la emboscada final. Los colchoneros retroceden miedosos día a día, como si se hubieran perdido en un bosque lleno de sombras y aullidos. Este lunes el ejército de Koeman sufrió, pero ya está a menos de un palmo. A un punto. ¿Quién lo iba a decir hace unas semanas?

No debía ser ayer un día de adversidad ante un Valladolid agrietado por las bajas y que agoniza en la caldera de la clasificación. Solo era un bulto en el camino hacia el Clásico y el liderato. Y, sin embargo, los azulgranas casi tropiezan y sangran profusamente de las rodillas. Muy meritoria actuación la de los pucelanos, que se fueron echando fuego de la boca por un supuesto penalti de Alba (se dice 'supuesto' porque ya nadie sabe qué manos merecen sanción y cuáles, no).

El Barça no recuperó las magníficas prestaciones ofrecidas en el último partido antes del parón de selecciones, la exhibición en campo de la Real Sociedad. Al contrario. Salió con un juego pastoso, como si tuviera el estómago empachado, o las piernas pesadas. Más ritmo, reclamó Koeman desde la banda. Una marcha más, pidió Messi en el túnel de vestuario durante el descanso.

Hubo un poco de todo eso, ciertamente, en la segunda parte. El equipo recuperó la presión y jugó con velocidad con el plan B habitual, que siempre consiste en prescindir de un central. Pero ayer tocó el día tonto. Una noche que se anticipaba tan tranquila se transformó inesperadamente en una noche de nervios y uñas mordidas.  

Partido a partido

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Ganar en el minuto 90 a un Valladolid, cuando quien más quien menos ya hacía planes sobre el partido de Valdebebas, sirve para constatar aquello tan manido y aburrido y que Simeone ha convertido en santo y seña: hay que ir partido a partido y no mirar solo el escaparate mayor. Y que no hay alfombra hacia el éxito. Y que los parones internacionales los carga el diablo. Esto último no lo dice Simeone, pero es así.

En cualquier caso, el imprevisible Dembélé enderezó la jornada y volvió a hacerse importante. Un gol que premia su regularidad de este año, justo en el que conviene hablar de su renovación. Cosas del fútbol. 

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