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Racismo sin complejos en EEUU

Al dejar de escuchar las bravatas diarias de Trump y de leer sus tuits, pensamos que el peligro ha desaparecido. Tal vez pasó el huracán, pero permanece el daño en una sociedad asustada por el cambio de paradigma

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El presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump, gesticula tras participar en un mitin en enero a favor de los dos candidatos republicanos al Senado.

El presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump, gesticula tras participar en un mitin en enero a favor de los dos candidatos republicanos al Senado. / Erik S. Lesser

El huracán Trump ha dejado a la vista una América fea, racista y antidemocrática que trata de dificultar el voto afroamericano en varios Estados. Los republicanos allanan el terreno legal para impedir futuras derrotas electorales, recuperar el Congreso en 2022 y reconquistar la Casa Blanca en 2024, con Donald Trump u otro peor. Aunque les parezca mentira, los hay. Uno sería Tucker Carlson, estrella de la cadena Fox News, devoto de los bulos y las teorías de la conspiración que admite no ser especialmente una buena persona. 

Los legisladores de Georgia acaban de aprobar una ley que obstaculizará el voto por correo y la intervención de los jueces en las disputas electorales. Iowa, Texas, Arizona y otros trabajan en textos similares. Además de acotar el horario de las votaciones impulsan de manera sigilosa un agrupamiento de los colegios electorales, que en realidad es una supresión de los que están cerca de zonas demócratas para disuadir el voto de los afroamericanos.

Los republicanos afirman que su único objetivo es evitar los fraudes electorales, un argumento que conecta con el relato trumpista de que le robaron las presidenciales de noviembre. Siguen con la cantinela pese a que nadie presentó pruebas de la existencia de irregularidades. Ni siquiera los funcionarios responsables de los recuentos, muchos de ellos republicanos con un elevado sentido del deber. Tampoco, los jueces. Este discurso del presidente allanó el clima para el asalto al Congreso, el pasado 6 de enero.

Lo que ha ratificado Georgia (Trump perdió en este Estado por 12.000 votos) es un asalto a la democracia por otros medios. Es un clima que recuerda a las llamadas Leyes Jim Crow que legalizaron la segregación racial en EEUU entre 1877 y mediados de los años 60 del siglo XX.

Anular la votación

El gobernador de ese estado, el republicano Brian Kemp, que en noviembre se negó a ceder a la exigencia de Trump de anular la votación y declararle vencedor, ha claudicado a la presión del ala más derechista de su partido. En la foto del acto de la firma de la ley está acompañado de seis republicanos, hombres y blancos. Al fondo se distingue la pintura de lo que parece una plantación sacada de 'Lo que el viento se llevó'. ¿Es que esa es la imagen que quieren proyectar o es que ya no les importa mostrarse?

Esta embestida contra la democracia (¿no se basaba en el principio de una persona, un voto?) coincide con el juicio en Mineápolis contra un grupo de policías (blancos) acusados de matar al afroamericano George Floyd, quien tuvo la rodilla del agente Dereck Chauvin sobre su cuello durante nueve minutos y 29 segundos. De nada le sirvió implorar por su vida, ni decir 27 veces que no podía respirar.

Este homicidio --veremos si el jurado lo considera asesinato-- puso en marcha el movimiento Black Lives Matter que Trump calificó de antipatriotas vinculados al terrorismo doméstico y a los antifascistas. Los policías antidisturbios (blancos) se emplearon con contundencia en varias ciudades de EEUU contra manifestantes pacíficos de este movimiento, entre ellas Washington porque el presidente quería fotografiarse con una Biblia en la mano junto a la Casa Blanca. No tuvieron la misma vara de medir en el caso los ultras (blancos) que asaltaron el Congreso de la nación vestidos de paramilitares.

Sociedad asustada

Al dejar de escuchar las bravatas diarias de Trump y de leer sus tuits, pensamos que el peligro ha desaparecido. Tal vez pasó el huracán, pero permanece el daño en una sociedad asustada por el cambio de paradigma. Una América con problemas en el manejo de la realidad, que rechaza o minusvalora el covid pese a las cifras (565.000 muertos en EEUU). Prefieren pensar que es obra de China, Bill Gates o George Soros. Más de un tercio de los estadounidenses rechaza las vacunas y acusa al Gobierno federal de violar su libertad individual al forzar el uso de mascarillas. Esa América sigue ahí, cada vez más asustada y agresiva.

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Los asaltos a personas con rasgos asiáticos es la consecuencia del mismo racismo que mueve a los legisladores de Georgia y a los policías de Minnesota. Un presidente negacionista que ha estado meses divagando sobre un “virus chino” es el culpable de este incendio. Hay miedo a pisar la calle, a viajar en el metro.

Lo peor del trumpismo son sus imitadores. No solo es Bolsonaro. En España tenemos ejemplos tóxicos que contaminan el ambiente y enfangan el debate. El odio que sale a morder enemigos jamás regresa al redil sin causar estragos. Ahí está la historia del siglo XX para demostrarlo.