Inmune

Ya soy Astrazénico

La cola va avanzando y aumenta mi sensación de inmenso privilegio

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Un miembro del personal sanitario sostiene una dosis de AstraZeneca

Un miembro del personal sanitario sostiene una dosis de AstraZeneca / Fderran Nadeu

Desde el día 30 soy Astrazénico. Son las dos y media y la cola para acceder al Casal Montserrat de la calle de Calàbria es considerable. Hay tiempo para ir charlando con los más cercanos. Nunca había estado formando fila con sesentones y resulta agradable, porque al nexo generacional se une la inquietud por la astrazénica y la balsámica sensación de ser vacunado.

 

Una señora de Santa Coloma de Gramanet dice que no sabe por qué le ha tocado aquí. Alguien pregunta si hay que presentar el correo electrónico que nos han enviado. Opiniones diversas. Parecemos estudiantes justo antes del examen. Tres minutos más tarde la cola se alarga por detrás. Un señor se acerca y nos dice que tiene hora a las tres. En coro le respondemos que nosotros, también: “¡Ah, vale!”

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No me estoy enterando, pero Alemania está cambiando el protocolo de la vacuna. Cuando lo sepa, me asustará razonablemente. La cola va avanzando y aumenta mi sensación de inmenso privilegio. Mira por donde que ser sesentón resulta benéfico. Cuánta gente esperando y cuánta gente fallecida. Se ha ido gente que eran como cada uno de nosotros. En su nombre, guarden silencio los negacionistas.

Seguimos esperando. Parece una cola para votar o las que se han formado estos días en Sevilla para ver a la Esperanza de Triana. Por momentos la charla es más animada. Cuando por fin accedemos al edificio nos dan una hoja que hay que rellenar: “No tengo boli..." Todo se arregla y además una sanitaria amable presta algunos. Luego accedes a la zona de vacunación. Creo que son siete. “Desde las ocho que estamos aquí”, nos dicen.

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El pinchazo es instantáneo y luego te hacen esperar un cuarto de hora en una sala. Unas cuarenta personas. De nuevo la cordialidad. Sonrisas. Una se llama Rosa María: “Com ta germana”. Otra señora: “yo también”. Pregunto si hay alguien que no se llame Rosa María. Risas. Siguen las anécdotas. Todos somos grandes y todos somos vulnerables. Humanos. Toda mi consideración para Jami Matamala y familia.

 A gente de Barcelona le toca Manresa y a gente de Canet le toca Badalona. Como el sorteo de la mili, intracomunitario.