La venganza

'Zombies' contra Aragonès

La formidable maquinaria que inventó Jordi Pujol se resiste a perder el poder: de ahí la sádica y planificada cocción de Pere Aragonès a fuego lento por los cocineros de Puigdemont

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Laura Borràs habla con el vicepresidente de la Generalitat en funciones y candidato de ERC a la Presidencia, Pere Aragonès.

Laura Borràs habla con el vicepresidente de la Generalitat en funciones y candidato de ERC a la Presidencia, Pere Aragonès. / Kike Rincon - Europa Press

La sádica y planificada cocción a fuego lento de Pere Aragonès que los cocineros de Puigdemont han preparado en la plaza pública no es solo, que también, la venganza por su investidura no nata del 2017 y por sus múltiples rencillas personales. La última crueldad convergente con su hermano pequeño que este, una vez más, solo ha visto venir cuando ya era demasiado tarde y la emboscada era inevitable, es sin duda la más salvaje y trascendente de todas. Porque si Junts de repente ha dejado de tener prisa y va tan desvergonzadamente contra la unidad independentista que hasta hace poco reclamaba a los cuatro vientos, y si la presidencia del Parlament se ha convertido, por primera vez y sin que todavía haya legislatura, en un descarado contrapoder, es porque la vieja Convergència (la de siempre aunque con otro logo) se aferra con uñas y dientes al último trozo de poder que cree poder tener.

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De lo que trata la última maniobra convergente es de debilitar hasta el extremo al futuro presidente, contrapesarlo con el fantasmagórico Consell de la República, y conseguir que Puigdemont, a través de personas interpuestas como Artadi o Borràs, mantenga una mínima cuota de poder a la espera de las siguientes elecciones. Porque el 'procés' de verdad no es el que se libra contra España sino el que se libra dentro de Catalunya, y más concretamente dentro del independentismo, un movimiento amplio y complejo que desde el 2012 se ha ido independizando lentamente de Convergència: primero Mas fracasó disfrazado de Moisés en su asalto a la mayoría absoluta, después la CUP lo envío a la papelera de la historia, Puigdemont perdió peso al exiliarse y tuvo que ceder terreno a un débilismo Torra, para terminar perdiendo este 14-F las elecciones y su liderazgo dentro del soberanismo. Esto es exactamente lo que está en juego ahora mismo y lo que explica el monumental gatillazo de Aragonès: la formidable maquinaria de poder que inventó Jordi Pujol quiere sobrevivir a toda costa, ni que sea con ‘zombies’ de colmillos muy afilados como los que todos hemos visto estos días paseándose por el Parlament.

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Empujada por esta presión, y alentada por algún sectario, ERC cometió el fatal error, a tres días de las elecciones, de jurar ante notario que no pactaría con el PSC y se cerró las puertas a una alternativa más que factible. Por eso ahora se encuentra acorralada, sin oxígeno y presa de un partido que, aunque esté agonizando, sabe mucho mejor que ella de qué va esto del poder.