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Una primavera turbulenta

Los choques entre independentistas para elegir un nuevo ‘president’ y las elecciones de Madrid generan todavía más incertidumbre

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Pere Aragonès, a su llegada al Parlament para el debate de investidura.

Pere Aragonès, a su llegada al Parlament para el debate de investidura. / EFE / Enric Fontcuberta

El lunes, Angela Merkel retiró las medidas restrictivas para la Semana Santa que acababa de pactar con los presidentes de los ‘lander’. Alemania tiene (o tenía) estabilidad, liderazgo fuerte y ciudadanos conformados. Pero el retraso en la vacunación, por falta de aprovisionamiento que es culpa de la Comisión de Bruselas y que no se ha dado ni en Gran Bretaña ni en Estados Unidos, más la fatiga de las continuas restricciones, está generando malhumor. Por eso Merkel ha dado marcha atrás.

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Y es que Merkel ya es lo que en América se llama un “pato cojo”, que describe el poder menguante de un presidente en la etapa final de su último mandato. Como se va, ya tiene menos autoridad. Y tras las dos elecciones regionales de marzo, ha aumentado la posibilidad de que las elecciones federales de septiembre abran paso en Berlín a la llamada “coalición semáforo”, de los verdes, el “rojo” socialdemócrata del SPD y el amarillo del liberal FDP. Sería otra Alemania… Quizá también otra Europa.

Un 'president' gestor

Aquí, este malhumor europeo (no solo alemán) se complica por la creciente inestabilidad política. El viernes, el candidato a presidir la Generalitat, Pere Aragonès, de ERC, perdió la primera votación de investidura porque JxCat, sus socios de la pasada legislatura, se abstuvieron. Y dejaron claro que podrían repetirlo en la segunda votación si ERC no cede. Quieren que Puigdemont, desde el fantasmagórico Consell per la República de Waterloo, tenga la última palabra sobre la negociación con Madrid. Aragonès quedaría así solo como un presidente gestor de la Generalitat, lo que a ERC le costará mucho aceptar.

ERC dijo ‘no’, de entrada, a un muy difícil pacto transversal con los comunes y el PSC, y ahora está viendo con horror cómo JxCat obstaculiza la investidura. Y solo Puigdemont sabe cuánto durará el forcejeo. Puede haber pacto antes de la sesión del martes, pero no parece lo más probable. Y así se abriría un periodo incierto que podría durar hasta el 26 de mayo. Y, caso de seguir sin acuerdo, se iría a una repetición electoral en julio. JxCat puede creer que entonces ganaría a ERC, ya que solo les separó un escaño.

Incertidumbre española

Y la parálisis catalana agrava la incertidumbre española. No es ya que el gobierno PSOE-Podemos, sin mayoría, tenga grietas, sino que el fracaso de Cs y el PSOE al intentar arrebatar al PP el Gobierno de Murcia ha generado todavía más incógnitas después de que la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, echara a Cs de su Gobierno y convocara elecciones para el 4 de mayo.

La primera consecuencia ha sido que Pablo Iglesias ha abandonado un Gobierno en el que no se sentía cómodo con la excusa, cierta, de que Podemos podía quedar fuera de la Asamblea de Madrid. Iglesias conseguirá más de un 5% de los votos, pero puede quedar detrás de Más País y del PSOE de Ángel Gabilondo. ¿Qué hará entonces Iglesias como portavoz de un grupo secundario del Parlamento madrileño? Nada que favorezca la estabilidad.

Un paso atrás

Vamos al PP. Si Cs logra superar –por la personalidad de Edmundo Val– el 5% y tiene escaños, es posible que Díaz Ayuso dependa de Vox y de Cs. Situación endemoniada. Y si solo depende de Vox, sus exigencias de un Gobierno de coalición serán un problema.

Si Ayuso fracasa, el PP (y Casado) habrán dado un paso atrás. Y si triunfa, a Casado podrá haberle surgido una alternativa interna. Y el PP puede estar tentado de unir todos los votos (y partidos) a la derecha del PSOE. ¿El plan Aznar para volver a La Moncloa?

El PSOE perdió la batalla de Murcia (como Cs) y ahora tiene poco que ganar, excepto si Gabilondo reedita su victoria de 2019. Difícil, porque Pablo Iglesias genera un miedo (a más impuestos) que puede refugiarse en Ayuso. Por eso Gabilondo ya toma distancias.

Momentos peligrosos

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No sabemos cómo acabará lo de Catalunya. Bien, no. Y tampoco está claro a quién beneficiará la nueva batalla de Madrid, que Ayuso quiere plantear como un ensayo de las próximas generales. Lo que sí parece es que tendremos una primavera con muchos sobresaltos. Justo todo lo contrario de lo conveniente y razonable en momentos peligrosos para la salud y la economía.

Y como inquietante telón de fondo, solo faltaba la nueva interferencia del Tribunal Constitucional alemán sobre los fondos de recuperación europeos.